Promesas y engaños: una mala práctica

En días pasados leí la columna de opinión del exgobernador del Tolima Óscar Barreto Quiroga, titulada “Indiferencia y Absentismo” y me llamó la atención la preocupación que le asiste al columnista con relación a la indiferencia que se percibe en un alto porcentaje de la población por los temas relacionados con el desarrollo de la sociedad. En ella afirmaba que “Estamos en su mayoría en una sociedad sin criterio y cuando no hay criterio propio, no hay amor propio, se perdió la capacidad de comunicación crítica”.
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El exgobernador en su columna cita a Antonio Gramsci, quien define la indiferencia como “el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas y arruina los planes mejor concebidos”.

Con relación al anterior planteamiento, no creo que estemos en una sociedad sin criterio o que la misma haya perdido el amor propio. Todo lo contrario, hoy tenemos una sociedad con mucho más criterio que antes, solo basta con mirar el número de colombianos que hoy son profesionales, muchos de ellos posgraduados, que leen la realidad día a día y tienen su propia interpretación, porque han desarrollado su sentido crítico a tal punto que no comparten la forma cómo actúan quiénes son los líderes políticos del país. Prueba de ello es el número de protestas que se realizaron en noviembre del año pasado y las que se vieron en días pasados.

Pero también cabe aquí el análisis de las ocasiones en las que prefieren no atender los llamados, para lo cual se hace necesario abrir el debate con el fin de reconocer, validar y evaluar uno a uno los motivos que hacen que los ciudadanos no atiendan las citaciones, debate que debe caracterizarse por ser franco, sincero, con disposición de aceptar la crítica y con una férrea voluntad de cambio. La no participación no se puede interpretar como indiferencia y absentismo, todo lo contrario, es una manifestación de rechazo a lo que se está haciendo mal.

¿Valdría la pena preguntarle a la sociedad si se cansó de escuchar a los mismos con las mismas promesas? ¿Será que se cansó de ser tenidos en cuenta solo en situaciones coyunturales como son las épocas de elecciones? ¿Será que perdió la confianza en el tipo de liderazgo que hoy se ejerce? ¿Será que la sociedad se cansó de ver que, en lugar de disminuir la inequidad, la desigualdad, la injusticia y la corrupción, estas siguen creciendo? ¿Será que los actores sociales se agotaron de observar que la riqueza y el progreso quedan en unos pocos, mientras que la mayoría se enfrentan a la pobreza?

El ejercicio a realizar debe partir de referenciar lo planteado por nuestro escritor William Ospina, con relación a la forma como hoy se hace la política, la cual considera que se volvió un oficio, una profesión, a tal punto que quienes la ejercen están en continua rivalidad porque se disputan un electorado; entonces su principal tarea, a pesar de las urgencias del mundo, es desprestigiar a la competencia utilizando estrategias burdas y dañinas con tal de lograr hacer creer que unos son los buenos y otros son el demonio.

Este modus operandi tiene agotada a la sociedad colombiana, sociedad que hoy está fortalecida por el amplio número de profesionales que la integran, factor que ha elevado su nivel educativo y por ende su visión crítica. Desafortunadamente dicho talento humano no encuentra oportunidades ya que no pertenece al grupo de amigos del líder político de turno, por un lado y, por el otro, no están dispuestos arrodillarse ante quien no consideran un líder ejemplar. Este es el clamor que se escucha a diario de jóvenes talentos, quienes con mucho esfuerzo se educaron, y que tal situación desde luego genera desmotivación, aislamiento, apatía e indiferencia y por ende poca participación.

En una época de “reinvención” como la que vivimos, la invitación es a reflexionar con el fin de ser capaces de “reinventar” la forma de hacer política a partir de “reinventar” la democracia, tal como lo plantea igualmente William Ospina, quien afirma que la misma se reinventa no con caudillos sino con liderazgos casi invisibles. Es la comunidad la que tiene que abrirles camino a sus sueños, y para eso la política tiene que crear un sentido profundo de comunidad”. Solo así, se podría lograr reducir la brecha social a partir de disminuir la indiferencia de la sociedad, endiosando más a los seres humanos que, al fin y al cabo, son el centro de la sociedad, ¿Cuándo empezamos?

FÉLIX RAMÓN TRIANA GAITÁN

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