¿A quién le duelen los migrantes?

Son desgarradoras las crónicas y relatos en torno a las peripecias que enfrentan las personas que, forzadas por las circunstancias, deben abandonar sus países de origen y aventarse a buscar una mejor vida en lugares donde, con seguridad, también van a encontrar un medio hostil habida cuenta de la creciente xenofobia que se ha tomado al mundo y que habla muy mal de nuestra concepción de civilización.
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El espinoso asunto de la migración se complica, precisamente, porque no cesan las razones que impulsan los masivos movimientos poblacionales: Las guerras, las dictaduras, la avaricia del poder, las creencias religiosas, la falta de educación y de atención a la salud, el color de la piel, fomentan discriminaciones y crean ambientes de desapego que propician la ilusión de entornos más amables en otras latitudes. 

En su periplo, los migrantes soportan la avidez de las mafias que controlan el tráfico de personas, se apropian de sus precarios bienes y les infringen todo tipo de vejámenes en su travesía por trochas y terrenos inhóspitos hacia la tierra prometida. Los denominados “coyotes” no tienen la más mínima consideración con estos seres a quienes engañan y los hacen rehenes hasta someterlos a la absoluta miseria y dependencia. 

Salvo los casos puntuales del asilo de Alemania a refugiados sirios, los programas Daca de los Estados Unidos siempre obstaculizados, y el Estatuto Temporal de Protección para Migrantes Venezolanos en Colombia, el mundo ha sido demasiado indolente. Ahora, es de esperar que el otorgamiento del Premio Nobel de Literatura al novelista tanzano Abdulzarak Gurnah, se convierta en un llamado de atención ante la indolencia que nos asiste. En sus obras, además de los efectos del colonialismo, aborda los temas del desplazamiento y las migraciones. 

Se precisan acuerdos multilaterales de carácter regional que tracen políticas de referencia para sobrellevar la situación, de manera solidaria. Hace falta imaginación para entender que más allá del problema inmediato de su ubicación, los desplazados podrían aportar soluciones en diferentes escenarios. Sin embargo, las complejidades involucradas hacen cada día más improbable el acogimiento del extranjero con espíritu de fraternidad.

 

ALVARO BELTRAN

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