Por una reforma política integral

Columnista Invitado

Lo que se viene presentando al interior del partido Verde Oxígeno refleja la realidad de los partidos políticos. En un reciente fallo el Consejo Nacional Electoral les ordenó reintegrar a Humberto de la Calle y a Daniel Carvalho como miembros de esa colectividad porque los expulsaron sin respetar el debido proceso. Para el CNE esa decisión debía tomarla el comité ético del partido y no su asamblea general, siempre y cuando hubieran adelantado previamente un proceso sancionatorio. Nada de eso se cumplió. 
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Ingrid Betancourt, fundadora y presidente del partido Verde Oxígeno, indicó que acatarán la decisión y aprovechó para dejar en claro dos cosas: que el CNE los había reconocido como partido de oposición frente al Gobierno nacional, y que las razones por las que expulsaron a los congresistas siguen intactas. Toda una amenaza para de la Calle y Carvalho por donde se le mire, pues corren el riesgo de incurrir en doble militancia. La expulsión los había liberado de esa atadura; hoy deben volver para someterse a la disciplina del partido y a las veleidades de su presidenta. Con seguridad Humberto de la Calle nunca pensó que debía enfrentarse a semejante encrucijada. 

No es difícil anticipar que ese escenario es el de la gran mayoría de los partidos políticos, en especial el de aquellos en los que los poderes decisorios se concentran en una sola persona, que, hay que decirlo, lo son casi todos; por eso el debate que se está dando en torno a la reforma política que se tramita en el Congreso debería aprovecharse para resolver ese tipo de situaciones. 

La oportunidad está servida. El debate debe ser profundo, serio e integral. Debe ir más allá de las discusiones, válidas por supuesto, sobre el carácter de las listas, del transfuguismo, que le permitiría a los congresistas cambiar de partido sin tener que renunciar a la curul y de paso les resolvería el problema a de la Calle y a Carvalho, de la facultad de la Procuraduría General para investigar y sancionar a funcionarios elegidos por voto popular o de la ampliación, oportuna o no, de los periodos de los actuales mandatarios. 

En esencia, debería aprovecharse para generar un escenario encaminado a que los ciudadanos recuperen la confianza en los partidos políticos que hace rato está más que embolatada. Esa es una parte del cambio que muchos esperamos. ¿Será que se animan? 

MANUEL DE JESÚS RODRÍGUEZ

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