La incultura ciudadana

Por estos días, cuando los medios han estado informando de los deplorables retrocesos que el país ha experimentado en los últimos años en materia de cultura ciudadana, no podemos más que lamentar que todos aquellos que han tenido autoridad y poder, no los hayan utilizado para progresar en esta materia, que sin duda constituye uno de los elementos más valiosos para incrementar la calidad de vida de los habitantes.

Todo lo que hizo el profesor Antanas Mockus en su momento y que fue muy valorado en el Continente entero, se dejó a un lado, y con el crecimiento desbordado de las grandes ciudades en los últimos años, el problema fue creciendo de manera preocupante ante la irresponsabilidad de quienes debían actuar, por lo menos para mantener lo logrado.

Hoy encontramos en las principales ciudades colombianas escenarios lamentables de basuras regadas por todos lados, de elementos públicos destruidos, de parques abandonados, de inobservancia de elementales normas de conducta en la calle, en donde no se respetan señales de tránsito, en donde el peatón expresa agresividad, en donde la amabilidad no se exhibe, en donde el medio ambiente se irrespeta, en donde quienes representan la autoridad no la asumen, todo en medio de una rendición colectiva que lo cree todo perdido.

Así se van construyendo ciudades caóticas, desesperadas y casi invivibles porque los problemas crecen y se apoderan aterradoramente de todos los medios que constituyen la vida urbana.

Hoy se habla de grandes obras, de monumentales estructuras, de edificaciones abominables, mientras la calidad de vida se deja abandonada. Galopamos en la incultura y generamos rencor, malestar y estupidez, mientras que todo ello nos oprime, nos tortura y nos destroza en lo más íntimo.

¿Dónde está la formación de nuestros gobernantes de turno? Pero además, ¿Dónde está la reacción ciudadana frente a estos horribles comportamientos?.

Pareciera que ya todo está perdido y que no vale la pena actuar; pero no, no podemos renunciar a nuestra capacidad de reacción y a nuestro derecho para recuperar las ciudades que nos pertenecen a todos, en donde deben reinar los más altos y nobles principios de los elementos de convivencia.

En todas las municipalidades se encienden las campañas electorales para renovar las autoridades; he aquí un tema que debe ocupar lo primordial de esas agendas.

Hagamos de este objetivo una exigencia colectiva

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