La ceguera de la violencia

Hay muchas cosas confusas en el mundo. Las contradicciones parecieran en un momento dado tener más peso que la coherencia. Y en ese laberinto la lucidez se diezma y la oscuridad se impone con todo el peso de desvíos que se precipitan.

La guerra en Colombia ha llevado a esos estados de peligrosa distorsión. Quienes han caído en la obsesión de la violencia como expresión de poder coinciden en los actos negativos, aunque aparezcan como contrarios en sus alineamientos.

Por eso la ya creada Comisión de la Verdad, sin sujeción a nocivas dependencias, tendrá un papel de esclarecimiento con el sello de la certeza.

hay que impedir que esas corrientes de confusión tomen ventaja sobre la causa de la paz que defienden no pocos colombianos. Es necesario poner en claro lo que generan las diferentes posturas respecto a la búsqueda de solución al conflicto armado.

De un lado están los radicales que se oponen a una salida negociada. Son los partidarios de la guerra sin tregua, sin importarles las vidas que se pierdan de parte y parte o de los estragos que resulten de los escalamientos de los bandos beligerantes.

En ese grupo hay teóricos dogmáticos, estrategas presurosos y halcones veloces empeñados en el arrasamiento a como de lugar. Y con toda esa pretensión no ha podido superar a su adversario.

Otro grupo está formado por pacientes y reflexivos partidarios de ponerle fin a la confrontación mediante un acuerdo de desarme y de cambios para el fortalecimiento de la democracia en la nación, o la consolidación de un Estado que garantice la igualdad de oportunidades.

Hay que construir una sociedad que no sea vulnerable a la violencia y se desarrolle en convivencia y sobre el soporte de la cultura, los derechos y las libertades.

Los alzados en armas, agrupados en las Farc, representan la fuerza contra el establecimiento o el Estado vigente. Y se presentan como una expresión revolucionaria.

Sin embargo, incurren en actos semejantes a los de las corrientes reaccionarias que combaten. Una contradicción de envilecimiento de su identidad y de su imagen.

Con todo, hay que seguir luchando contra las violencias sin perder de vista lo que representa para el país ganar la paz.

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