El río de la Patria: abandono y vividores

El río que fuera considerado corazón del desarrollo del país termina siendo propiedad privada de un combo sobrado de corrupción que incluye representantes de los que tienen entre los palos a la presidenta de Brasil. Se pasaron por la faja los estudios que demuestran la inutilidad del proyecto aún no terminado, con el que descrestan ingenuos y se llevan un dinero que podría ser utilizado para atender necesidades de desposeídos, incluyendo a los ribereños ignorados por estos vividores. Para estos pícaros de cuello blanco valen un carajo el río, los habitantes de sus riberas, su cultura y el país. Su único objetivo es robar legalmente dineros del Estado, que son de todos los colombianos. Las autoridades ambientales, los entes de control y los gobernantes, especialmente los de los municipios y departamentos afectados por los daños que traerán con los supuestos encauzamientos dragados del Magdalena, guardan silencio como lo hacen quienes reciben coimas. Nadie le pide cuentas a Cormagdalena, a la Odebrcht del Brasil y a Valorcon de Colombia. Nada que muestran los estudios de diseño ni las simulaciones. Ninguna investigación sobre los impactos ambientales, sociales y culturales. La contaminación del río aumenta con la sola presencia de estos depredadores de cuello blanco. Tras de abandonado ahora robado y todos callados. Pero el ejemplo da sus frutos. Las riberas del río se llenaron de vividores del cuento del dragado, aunque no son tan numerosos como los del posconflicto. Están ofreciendo proyectos de vivienda ribereña, arreglo de carreteras de penetración, acueductos alternos con burros y candidatos, gestores culturales especializados en robar con carruseles folclóricos, cuadre de procesos por peculado, botada al río a bajos precios de deudores morosos del gota a gota, POT’s para pagar favores, trabajos de grado sobre turismo y hotelería, especialización en construir andenes, proyectos de patrimonio con asesoría enmosada y serruchos sin dientes. Tienen oficinas en los pueblos ribereños que montan para ofrecer servicios mientras consiguen cómplices para su cuento. Uno está vendiendo bonos para la capilla con piscina y otro vende chapolas para señalizar un pueblo por barrer. Claro que este ofrece cursos con el aval de una universidad. Hasta los cementerios se van a transformar en sitios de recreo. Todo bien mientras se acabe la pesca en el río, se le siga contaminando, se jodan los ribereños y los salvadores se roban la plata y acaban de joder el río de la patria con la ayuda de la minería criminal, de los magistrados que no se indigestan con tierras de desplazados, de politiqueros que legislan en beneficio propio, de los que se aforan para asegurar impunidad y de los enemigos de la paz.

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