P’a rezarle a Satuple

Hasta no hace muchos años la dirección de los partidos tradicionales estaba a cargo de personalidades reconocidas por su trayectoria política, su vocación de servicio y su autoridad moral e intelectual, tanto a nivel nacional como departamental o municipal. Una mirada a lo que tenemos decepciona. Ahora vale un carajo la moral y lo intelectual. Vale más un prontuario que un reconocimiento de honestidad. Triste, por decir lo menos, el espectáculo de corruptos, mafiosos y paracos controlando las próximas elecciones con dinero ventiado y avales de partidos tradicionales más interesados en los votos que en el futuro del país y el bienestar de los colombianos.

El próximo debate electoral, tal como van las cosas, solo tiene por objetivo la perpetuación en el poder de los responsables de la injusticia que padece el pueblo colombiano. Son los mismos que se niegan a brindar apoyo a la reconciliación que es necesaria para el éxito del proceso de paz. Son los mismos que se han lucrado económica y políticamente de la violencia, fuente principal de su posición social, económica y política. Son los que saltan de grupo en grupo y le tiran el petate al que les ofrezca un peso a serruchar.

Se tapan con la misma colcha de retazos y solo la tiran al suelo cuando se divide la pandilla. Increíble el despelote y el cinismo. Lamentable el ejemplo del partido Liberal con directivos de pasado oscuro sin aclarar jugando contra su partido. El partido Conservador tiene alcantarilla propia.

¿La paz dependiente de quienes lanzaron a los campesinos a la guerra? ¿De los que provocaron el asesinato de Guadalupe Salcedo? ¿De los que organizaron los asesinatos de Mariachi y Charro Negro? ¿De los responsables de las masacres de Villarrica y de Valle de San Juan? ¿De los que se beneficiaron con las acciones del Batallón San Antonio (el primer grupo para militar organizado por el ejército), o de los que financiaron la creación del Rojo Atá, que se pavonean como reinas con narcos? Esos son los que imponen los alcaldes para robar en compañía, con o sin fundaciones de bolsillo, con o sin carruseles. Tienen tanta influencia que después de prostituir las fiestas populares siguen jodiendo para acabar con el Festival Folclórico Colombiano. Tocan el tema bajo el punto de vista comercial y un miembro de la junta directiva les hace pistola con los dedos del píe izquierdo a sus compañeros para empujar lo comercial. Nada de lo cultural. Sería como pedirle lecciones de ética al magistrado Pretelt.

La vaina es que tampoco aclaran los pagos chimbos en los que ahora aparecieron nuevas cuentas y cheques falsificados a nombre de la gestora cultural Staruska. Necesitan plata para carruceliar y despedirse con honores. Ni intentar tocar al Tolima y a Ibagué porque tocaría salir corriendo a llorar a la Casa Panda de Ambalema.

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