Nuestra música

Héctor Manuel Galeano Arbeláez

¿Cómo me pinta a un tolimense?, le preguntaron a uno de los contertulios. Fácil. Un ser humano alegre que quiere a su tierra como a su mama, el tiple, el bambuco, la tambora y el San Juan. Ahora sí entiendo la muletilla de “la música es la huella dactilar del tolimense”, de Jorge Eliécer Barbosa, y comprendo mejor las razones para crear el Festival Folclórico en plena violencia.

Tremenda lección: la música y la fiesta son los mejores ingredientes para la conciliación y la paz. Menos mal que no vamos a tocar la política porque no traje la camándula para rezar madrazos. Estoy recordando a Nicanor Velásquez que vivió varios años en El Espinal cuidando los gallos que amarraba frente a la notaría y que cuando el cáncer lo trasteó para Bogotá nos fuimos un montón de pela chivas a despedirlo y al llegar al puente Ospina Pérez solicitó parar un momento mientras se despedía de su río. Él y Aniceto Rojas lloraron mirando el Magdalena, el río al que le cantó Nicanor con Río y Pampa. Es el mismo río donde Leonorcita Buenaventura puso a tocar su quena, algo que no presenció Dolores Contreras por su vinculación a la guerrilla.

Y Leonorcita nos dejó a su nieta Edna Victoria Boada como compositora y profesora de piano en el Conservatorio. Y sigamos con las mujeres, para recordar a Lilly Ramos y Ligia Bonilla de Barreto y los Coros del Tolima con las voces de Emilio Díaz y no podía faltar la maestra Rocío Ríos, dedicada a la enseñanza y a sus grupos corales.

Por esos lados andaba el ‘Negro’ Parra dando lora con una guitarra y una barra de jodones que lo volvieron a ver con Juan Pablo Hernández convertidos en los mejores intérpretes del tiple, algo que hubiera puesto a bailar a Misael Devia, a quien acompañaba en su juventud. Imagínense a Gonzalo Sánchez con su banda interpretando el San Pedro en El Espinal de Milciades Garavito con los platillos y el grito encendedor de Garrocha. Este pendejo como que rumbeó en Picaleña, cuando el caserío se llamaba Pitaleña por la huilense que puso el primer rumbeadero escondido a cielo abierto. Pero no jodan que no me cambio por nadie, escuchando ‘Vivirás mi Tolima’, de Pedro J. Ramos, y ‘Canta un Pijao’, de Jorge Humberto Jiménez, ojalá seguidos de la mitología de Augusto Cervera, Cantalicio Rojas, José Faxir Sánchez, Luis Enrique Aragón, el Caratejo Macías, Rojas y Mosquera, Chispazo y la Coral Ciudad Musical. Demos espacio al guaro para escuchar el trío Vinotinto. Abran el portillo al Negro Camacho con su Banda Departamental -insepulta por la resistencia de Reynaldo Murillo, director de Sálvese quien pueda-, su Orfeón Popular, su descendencia musical; lo siguen Chilo Rey, César Zambrano, quien transpira música, la enseña y la divulga; Ezequiel Cartagena, con sus tres Congos de Oro en Barranquilla, con 2 Kimbombó y su trabajo incansable, formando músicos y agrupaciones. Ferney sigue en la música como profesor, instrumentista y colaborador en lo relacionado con música.

Descanse un rato y deje volar la imaginación escuchando a Daniel Oviedo interpretar su violín, un virtuoso humilde como profesor del Conservatorio, integrante de orquestas, maestro de niños pobres y como contertulio no creo que ellos hubieran colaborado para la entrevista de Atahualpa Yupanky con los muchachos, cuando el padre Ramírez Sendoya y Guillermo Giraldo fueron testigos del relato de Chispas sobre su tiple y su canción. La letra de la canción de Chispas sirvió de base a Atahualpa para el Homenaje al Tolima, homenaje a un instrumento y a un compositor del monte. Lágrimas sacó la canción y el relato de Atahualpa en el teatro Tolima, como lágrimas soltaron muchos con la embarrada de Jorge Barón que dejó al Tolima sin Festival Folclórico por más de una década, algo premiado por muchos incolturados y eso que en esa época no todo lo cultural era manejado por la delincuencia cultural. Y no olviden que para la buena rumba tenemos buenas orquestas, entre ellas Calor Café, Sonora Tropic Habana y Son del Pueblo. Tenemos música. Falta que la apreciemos y valoremos como Patrimonio Cultural.

*.-Ñapa 1.-Dario Echandía fue el oferente de un homenaje a Nicanor Velásquez Ortiz en el teatro Tolima. Nicanor respondió con un diálogo entre su cuerpo y su alma. Al terminar el alma le pregunta al cuerpo: ¿Qué vas a ser después de muerto? Seré tolimense; tolimense; tolimense, tolimense; tolimense, por los siglos de los siglos, Amén.

*.- Ñapa 2.- La Coral Ciudad Musical, Patrimonio Cultural del Tolima, celebra sus 50 años mañana, con concierto gratuito en el teatro Tolima, sin el apoyo de los sectores oficial y empresarial. Para acabar de completar, Sayco Acinpro les cobra casi un millón por evento. Tanto maltrato e irrespeto a nuestro patrimonio merece el rechazo por quienes valoran y respeta nuestra cultura.

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