¿Quién teme a la verdad?

Héctor Manuel Galeano Arbeláez

Los mandos de las Fuerzas Armadas apoyan, fieles a su juramento de respetar la Constitución, que se pongan a disposición de la Comisión de la Verdad los archivos de inteligencia, algo que seguramente permitirá conocer la verdad sobre ciertas actuaciones atribuidas a miembros de sus filas en el desarrollo de la violencia patrocinada por varios gobiernos.

¿Hasta donde cumplieron órdenes? ¿Quiénes se extralimitaron en sus funciones violando descaradamente los Derechos Humanos? ¿Cuáles fueron los jefes políticos, regionales y nacionales que ejercieron influencia con ciertos mandos para operativos y masacres contra campesinos? Esta verdad haría posible pasar de la generalización a la individualización de responsabilidades. Permitiría conocer la responsabilidad de políticos, terratenientes, comerciantes y otros beneficiados con la violencia.

Siguiendo el tajo es necesario que la Comisión de la Verdad le meta muela a la Comisión de Acusaciones del Congreso, convertida en archivo de investigaciones de crímenes cometidos por la tan respetada delincuencia de cuello blanco, que con tanto honor representa en exfiscal Luis Camilo Osorio, reconocido como el fiscal de los paramilitares y de los narcos. Cientos de expedientes escondidos contra este criminal y nadie da un paso adelante.

Es indispensable conocer la contabilidad de los bloques que conformaron la estructura paramilitar, después del hallazgo de la misma en el parqueadero padilla de Medellín y cuya investigación ordenó archivar este fiscal.

Debemos saber cómo logró este mismo fiscal Osorio, infiltrar por el paramilitarismo la Fiscalía de Norte de Santander, tal como lo han declarado el mono Mancuso y Eleonora Pineda, mediante la designación de una delegada suya apodada “batichica” en Cúcuta y en cuya administración se produjo el asesinato de la aguerrida Fiscal de Derechos Humanos Rosario Silva y del fiscal Carlos Arturo Pinto. Le toca a la Comisión de la Verdad, averiguar la verdad.

Claro que el dulce se pone a mordiscos y sin cortinita de humo. Están asesinando líderes sociales. Un saca la mica le puso naguas a los asesinados. Los sacaron de la cogida de café y hasta espíritus malignos aparecieron en los medios. Pero los asesinados, asesinados están y los responsables de cuidar sus vidas solo dan respuestas pendejas.

De los líderes sociales pasaron a los periodistas. Iniciaron con las amenazas a María Jimena Duzán, víctima de la violencia y muy admirada y respetada periodista. El número se va incrementando en los grandes medios, sin contar lo que nos pasa en provincia en donde cualquier traqueto o rebuscador de dinero fácil, se considera con derecho a mandar al carajo el derecho a la información y el derecho a la opinión. Nos ponemos pilas o nos lleva Satuple.

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