Recuerdos sin destinos

16 Jul 2019 - 3:01am

Recuerdos sin destinos

Publicada por
HÉCTOR GALEANO ARBELÁEZ
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Por entre el rastrojo de los recuerdos creo ver que entre 1948 y 1964 fue lo del alzamiento en armas que dio origen a las Farc-EP, que con en andar y las conveniencias se aliaron con los “Limpios”, guerrilleros liberales respaldados por los directores del partido. Los “Sucios”, con formación política y la colaboración de los de Viotá, comenzaron a oler feo a los terratenientes de Chaparral y se produjo el rompimiento de una alianza sostenida con babas que se creció cuando con la amnistía promovida por el jefe liberal Rafael Parga Cortés, los Limpios se fortalecieron y algunos se convirtieron en autoridades, hicieron alianza con las fuerzas del gobierno, incluyendo policía, ejército, los pájaros y la chulavita.

Muerte a los Sucios fue la consigna y fueron obligados a marchar a otras tierras, incluyendo las llamadas Repúblicas Independientes por Álvaro Gómez Hurtado. Entre las tiendas se organizó el asesinato de Charro Negro, pagado por la gobernación y el ejército; verdad tapada y ocultada como la del Batallón San Antonio, organizado por el ejército con campesinos conservadores de este municipio. Muchas verdades a medias y medias mentiras.

Ahora y como resultado de las negociaciones en La Habana se firmó la Paz con las Farc-EP, acuerdo que comenzó a tener opositores temerosos de la verdad pactada. La verdad hace temblar a muchos de los que hicieron su fortuna económica y política con la violencia. Por ahí se encuentran las razones para que muchos pataleen con patas y manos para sepultar la paz. Así vivirán en paz los que se mueren de culillo con la verdad.

Dejaron por fuera del paseo al ELN, agrupación con formación política y bastante influencia en algunos sectores campesinos y, según ellos, con propuestas para dialogar. Pero la paz no nos toca, así parece.

Se repite la película pero con cambio de actores. Paz con violencia y politiquería, con la diferencia que esta vez se acordó conocer la verdad, algo que ha generado incomodidad entre quienes lograron capital económico y político con la violencia. No se le puede pedir peras al olmo ni papas a la palma de coco.

En medio de la refundición y la desesperanza vemos sin preocupación cómo hacemos de todo para destruir nuestro medio ambiente. Deforestación sin control, minería ilegal, glifosato para cumplir órdenes de Monsanto, plástico hasta para empacar carbón de leña y candidatos analfabestias. No contentos con suicidarnos, avivamos el fuego entreteniéndonos con un ministrico encartado, buscando en los alambrados unos calzoncillos de colores abandonados por unos de sus soldaditos de plomo, vemos como pavimentan la trocha para la candidatura de Cianurito Martínez, reencauchamos la inteligencia poniendo al almirante Rodolfo Amaya como Director Nacional de inteligencia después de haber sido jefe de la Casa Militar en los dos periodos de Uribe, un digno sucesor de Jorge Noguera y María del Pilar Hurtado que están encanados por “persecución política”.

Corrupción por toneladas sin conocer todavía la verdad de las manos largas del ejército, los favorecidos con el ocultamiento de las investigaciones de la Comisión de Acusaciones y de la Corte Suprema de Justica. Y esperemos los cambios a la Constitución para dejar libre a Uribito y el resto de perseguidos políticos.

Ñapa.-Los residentes en el barrio La Pola son víctimas de una muy rara epidemia. Pagaron dos veces por Valorización la que iba a ser la plaza del barrio que terminó en un espacio medio manejado para gimnasio y juegos de la juventud. De pronto apareció una administración que se apoderó del espacio arrendó una parte y montó oficinas en otra, ignorando a los propietarios. Varios politiqueros prometieron la devolución a sus dueños y solo promesas. Se habló de utilizar el espacio para construir un gran centro cultural y ahora como lo están negociando sin tener en cuenta la comunidad que no se da por entendida. Va tocar que consultar un grupo de etólogos para ver si logran descubrir la epidemia de los residentes de La Pola.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. El Nuevo Día no responde por los puntos de vista que allí se expresen.