Recuerdos del trapiche

Los problemas de Santrich y de algunos militares con la justicia especial para la paz son transitorios mientras que la situación económica del país se está convirtiendo en permanente. En los últimos días las marchas campesinas en la provincia de Vélez, la olla del río Suárez y en algunos sectores de Boyacá pidiendo al gobierno que tome medidas en favor de la panela, son de características catastróficas.

Se están importando mieles y azúcares a muy bajo precio, mientras que los cultivos de caña no tienen ninguna protección. La consecuencia es que los paneleros se están arruinando y el país solo observa esta situación como una rebeldía más.

Esta situación me trae recuerdos de la niñez, cuando en compañía de mi hermano viajábamos a la finca de los abuelos ubicada en los límites entre el Valle de San José y Ocamonte. El trapiche era una verdadera sensación, el líquido de la caña de azúcar se vertía en unos grandes fondos y obreros especializados observaban cuando todo se convertía en miel. Había unos expertos, a quien llamaban templadores, quienes sabían exactamente cuando la miel estaba “a punto”. Luego vertían la miel en unos recipientes y allí se formaban las panelas. A los obreros les daban comida para la semana y era muy emblemático el arroz de “jiagua”.

La panela era llevada por mulas hacia los centros y allí las vendían en los mercados. Al fondo de los trapiches había unos recipientes donde depositaban lo que quedaba de la caña después de ser exprimida. Era la bagacera. Allí los niños de la hacienda jugaban al escondite. La finca se llamaba Las Quebradas y estaba bañada por la moraria y quebrada de los Araques. La finca daba hacia el río Fonce a donde se hacían paseos de olla, de lo cual solo queda el recuerdo.

Es muy grave la situación de los paneleros y el Gobierno debe pensar seriamente en colaborarles.

No podemos permitir que se acabe el café y la panela como se acabaron los cultivos de algodón y sorgo.

Ojalá que coetáneamente con la implementación de los acuerdos de paz se revivan los cañaduzales y que regresen las campesinas que cogían café con sus canticos y algarabías.

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