Un fallo inexplicable

11 Jun 2019 - 12:01am

Un fallo inexplicable

Publicada por
MARIO GARCÍA ISAZA
Autor:

He leído, y escuchado en la voz de Monseñor Elkin Álvarez, el comunicado de la Conferencia Episcopal, en el que nuestros pastores rechazan el fallo de la Corte Constitucional que autoriza el consumo de alcohol y alucinógenos en los espacios públicos de nuestras ciudades y pueblos.

Por desgracia, a mí parecer, estos importantísimos actos del magisterio episcopal, por múltiples razones, no llegan al grueso de nuestros conciudadanos; su alcance queda reducido a un estrecho círculo; ya no se leen en los púlpitos, y sistemáticamente los grandes medios de comunicación, prensa escrita, radio y televisión, les hacen el vacío. Pienso que quienes de algún modo podemos hacerlo tenemos el deber de difundirlos.

Continúa la Corte, implacable y siniestra, la tarea con que, extralimitándose muchas veces en sus funciones y obedeciendo sabe Dios a qué sórdidos intereses, tanto mal le ha hecho a Colombia. No sé por qué se me han venido a la mente, al pensar en la labor deletérea del esa corte, los epítetos que Anarkos, en inmortal descripción, le aplica a la cantera de mina que al derrumbarse, sepulta a los hombres :”frenética, ciega, bruta y sorda”…

Ahora, esgrimiendo como manido argumento dizque el libre desarrollo de la personalidad, le dan patente de corso no sólo a los adictos y consumidores; por contera también a los que, criminalmente, regalan y venden las sustancias malditas; porque si es lícito e incoercible el consumo en cualquier parte, también lo es su compra, y por consiguiente su venta…

Libre desarrollo de la personalidad: lo estampan, y a lo mejor creen estar sentando un sabio principio antropológico y ético. ¡Insensatos! ¿Qué entenderán por desarrollo y por personalidad los aturdidos –o maliciosos…- magistrados? ¿Cómo pueden insinuar siquiera que un mozalbete que se está drogando, alguien que con el alcohol o con un narcótico cualquiera, arruina su salud física y síquica, está, con eso, desarrollando su personalidad?

No, por cierto; y muy al contrario, la está frenando, la está degradando, la está encaminando por una vía que conduce a la autodestrucción. Los estupefacientes son un veneno, que mata lentamente; con irrefutable lógica, aplicando la de la corte, insensata y absurda, ninguna autoridad podría impedir que un ciudadano que intenta envenenarse o suicidarse, lo hiciera.

Con toda la razón los señores Obispos protestan contra este fallo criminal, y afirman que él va “en contravía de los esfuerzos de muchas personas e instituciones para romper el círculo de corrupción, violencia y muerte que el consumo de estupefacientes ha generado en nuestro país”.

Ya, gracias a lo establecido en los artículos del Código de Policía que ahora la corte ha tumbado, nuestros parques habían recobrado un poco de su naturaleza de escenarios para el sano descanso y el esparcimiento familiar; y la autoridad contaba con las herramientas legales para sanear nuestros andenes, nuestros establecimientos comerciales, nuestros espacios públicos, el entorno de nuestras escuelas, colegios y universidades.

Ahora vamos a ver todos esos ámbitos nuevamente convertidos en sitios en que campea sin miedo alguno el vicio que enferma, y en el bazar en que llenan sus faltriqueras los truhanes que manejan desde la oscuridad el negocio mil veces maldito del narcotráfico.

Hagámosle eco al comunicado de los señores Obispos de Colombia. Yo me pregunto si no sería del caso promover una gigantesca manifestación de protesta contra la canallesca decisión de la corte; el rechazo casi unánime que ha provocado en todos los estratos de la sociedad, creo que le aseguraría un éxito inmenso a tal manifestación.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. El Nuevo Día no responde por los puntos de vista que allí se expresen.