Las revocatorias

La Constitución del 91, dentro del lema de combate de sus inspiradores de pasar de la “democracia representativa” a la participativa, ideó una serie de instrumentos para estimular a los ciudadanos a trascender las clásicas elecciones para Presidente, Congreso, alcaldes y gobernadores.

La Constitución del 91, dentro del lema de combate de sus inspiradores de pasar de la “democracia representativa” a la participativa, ideó una serie de instrumentos para estimular a los ciudadanos a trascender las clásicas elecciones para Presidente, Congreso, alcaldes y gobernadores. 

Uno de ellos, por ejemplo, fue la iniciativa popular para impulsar proyectos de ley que pocos desarrollos ha tenido. Solo Francisco Santos, con todo su poder mediático de convocatoria logró, recién liberado del secuestro selectivo de Pablo Escobar (con el que entre otras cosas consiguió tumbar en la Constitución Nacional la extradición de nacionales), conseguir un millón de firmas para presentar un proyecto de ley (que se convirtió en la 40 de 1993), para endurecer al máximo (sesenta años) las penas contra el secuestro. 

Años después, durante el mal llamado proceso de paz con los paramilitares durante la administración anterior, se permitió que secuestradores y torturadores pagaran como máximo ocho años por esos crímenes. Cosas que no hay que olvidar ni dejar de tener como punto de referencia dentro de la coyuntura actual.

El “cabildo abierto” tampoco ha tenido cabida durante estos veintidós años de vigencia de la Carta Política.

El referendo, sólo ha sido utilizado una vez, por cierto sin  mucho éxito, al comienzo del Gobierno Uribe.

De la revocatoria de mandato -indudable mecanismo de desahogo democrático- es más lo que se habla que lo que en verdad se ha logrado. La ley que desarrolló los mecanismos de participación ciudadana, creó tantas trabas que es muy difícil que realmente por esa vía se llegue a “tumbar” Alcaldes. Los ensayos que se han hecho han fracasado hasta el momento. 

En varias ciudades como la capital del Tolima, se habla ya de movimientos en curso para revocar el mandato del Alcalde.

Sin embargo, por motivos obvios, el caso más vistoso es el del Alcalde de Bogotá. En su momento, Gustavo Petro como político, intentó sin éxito y por razones puramente coyunturales revocarle el mandato a Jaime Castro un Alcalde que sentó las bases para que Mockus, Peñalosa y Garzón, modernizaran la Capital de la República.

Durante el primer año de la administración Peñalosa -que con razón terminó siendo uno de los mejores burgomaestres capitalinos- unos cuantos intentaron revocarle el mandato.

En el caso de Gustavo Petro, el problema es que la bandera de la revocatoria la toma un jefe político de la U, partido que hasta la administración pasada tenía una alta participación en el Distrito. El debate tiende a polarizarse en el terreno puramente político en el que por cierto, Petro lleva las de ganar. La campaña más fácil es la de la abstención en un país poco dado a la participación electoral. Conseguir que un millón y medio de Bogotanos salgan a votar en época fría -no solo por el clima- sin que exista ninguna elección que jalone, va a ser muy difícil. 

El problema para los organizadores -o el organizador- ya que como partido no se sabe si el liberalismo, el conservatismo, Cambio Radical, la U, los verdes, se van  a montar en ese camello, no es el de conseguir la mayoría sino el superar el umbral.

ALFONSO GÓMEZ MÉNDEZ Exfiscal General de la Nación

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