La suerte está echada

El pasado debate electoral para elección de Presidente de la República, estuvo signado, sin lugar a dudas, por el tema del apoyo o rechazo a las conversaciones de Paz adelantadas en La Habana.

Varios analistas consideran que ese mismo peso de opinión se presentará en las elecciones locales del 25 de octubre el año entrante. Sin embargo, algunos hechos protuberantes de última hora al interior de los partidos políticos parecen indicar que en el debate electoral del próximo año se jugará primero la consolidación -o desvanecimiento- de algunos partidos, y luego sí, el apoyo al proceso de paz, si aún dicha ilusión se mantiene levitando en las alturas democráticas de siempre.

Si gana o barre el Centro Democrático, la cosa se pone peliaguda para efectos de revalidar las iniciativas de paz. Pero dicha organización política no la tiene fácil en reconquistar los muy buenos resultados electorales alcanzados en las pasadas elecciones.

Se ha comprobado que la gente vota por el caudillo Álvaro Uribe, y que el endoso de votos de éste a sus alfiles no es cosa sencilla. Sobre todo en lo regional. Valga la pena reconocer que el Centro Democrático ha aireado constructivamente la democracia en Colombia, por cuanto está demostrando –sobre todo en el legislativo- contar con un equipo serio, disciplinado, preparado, que por fin da rostro a una derecha culta que hacía falta en el panorama de la sana controversia democrática, así en muchas regiones varios uribistas no se atrevan todavía a salir del closet de la derecha y mostrarse como ardientes y convencidos defensores de esas tesis de conformación y organización del Estado y la Sociedad.

Por otra parte, la alianza santista arropada bajo la sigla de la Unidad Nacional –Partido Liberal, La U y Cambio Radicial- con mermelada y todo, tiene la obligación de ser mayoritaria, o de lo contrario perdería no sólo la mermelada, sino chicha, calabaza y miel. Por los lados de la izquierda democrática, -conceptualmente abanderados de la igualdad, de la búsqueda de equidad social, de profundización de la democracia, de alcanzar la paz- salvo la saludable encuesta que muestra a Clara López punteando en preferencias para ganar la Alcaldía de Bogotá, todo sigue lo mismo que antes: grupos pequeños (Polo, Verdes, Unión Patriótica, Marcha Patriótica, Progresistas), que deberían asumir el compromiso histórico de alcanzar la unidad con fundamentos conceptuales y programáticos bien definidos, y convertirse en verdadera y real alternativa de poder con una visión de desarrollo acorde con las aspiraciones y esperanzas de las mayorías sociales en Colombia.

El balón ahora está en las regiones. Y sobre todo, en ganar alcaldías y gobernaciones, cuyos candidatos serán escogidos en muchas partes a través de constructivos procesos democráticos, bien sea con candidatos partidistas, o elegidos en alianzas, o escogidos por consenso o consulta popular. Quien gane en las regiones orientará al país en los próximos años. Democráticamente hablando, y aunque parezca temprano, la suerte está echada: Alea jacta est.

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