Clientelismo y compra de votos

Recientes estudios relacionados con procesos electorales en la Costa Atlántica, parecen concluir que entre dos males, los ciudadanos caribeños, ojalá por ahora y por poco tiempo, puedan escoger el menos malo: el clientelismo, y no la compra de votos.

Obvio, los autores del estudio, condenan por igual esas prácticas nocivas para la democracia, y han persistido desde siempre en desterrar la politiquería y la corrupción de los procesos electorales. Sin embargo, observan que las relaciones clientelistas, -por demás nefastas para la democracia- presuponen al menos vínculos de amistad, a veces de familiaridad (nepotismo lo llaman los conocedores de esos asuntos), compadrazgos, favores, que muchas veces reportan gratitud y en ocasiones agradecimientos colectivos por ejecución de obras.

Pero –observan- que la compraventa de votos, como su nombre lo indica, es un negocio y punto: el candidato compra y paga, el elector vota. La mayoría de las veces el votante no conoce al candidato, y mucho menos éste a aquel; y, poco le importa al uno o al otro, lo que haga o deje de hacer su ocasional asociado electoral. Este negocio requiere expertos en compraventa electoral en varias instancias.

En la base, los capitanes o líderes electorales, que agrupan pequeños y medianos paquetes de electores y los venden, ganándose a veces buenos pesos. En el medio, están quienes hablan con los votos ya contados y certificados: ediles, concejales, diputados, parlamentarios que le jalan a este sucio negocio. Y en la cúspide, las mafias: narcotráfico, paramilitares, contratistas, que al final, son los que más ganan.

En el Tolima, ha imperado históricamente el clientelismo en diversas modalidades, pero la compra de votos está cogiendo cada vez más fuerza. Basta con mirar las adhesiones que en nuestra región lograron parlamentarios al estilo del senador Juan Carlos Martínez, en su momento de auge electoral, y otros elegidos recientemente, que llegaron y pagaron al contado sus votos tolimenses.

Y los que recibieron la paga, hace años y ahora pronto, ahí están: vivitos y coleando (algunos ya de candidatos) en el partidor del atletismo electoral, listos a arrancar tras una nueva bolsa pecuniaria. Pero, también ya existen compradores regionales, -con el paso del tiempo han aprendido las mañas- un poco a la sombra, que en el próximo debate electoral harán sentir el peso de los pesos de sus carrieles, sus carteras, chequeras, tulas y la suavidad de la entrega mano a mano en esta degradante compraventa.

El Tolima, avanza entonces en el camino descrito para llegar a la encrucijada electoral en que lamentablemente están algunos departamentos caribeños. Por acá, avanzando tras el más malo de los males: la compra de votos, sin abandonar el clientelismo.

Eso se vislumbra por ahora: una feroz batalla electoral entre maquinarias electorales, sin programas serios de desarrollo integral de la región, en el que ganará el más fuerte monetariamente. Salvo, claro está, que aparezca milagrosamente el voto de opinión tan esquivo históricamente por estos lares.

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