Nelson Romero: hijo legítimo de las palabras

“Vengo desde las ribas románticas de un río/ en cuyas vegas úberas demora mi bohío/ besado santamente por las aguas serenas/ que pasan, taciturnas, como rumiando penas”, cantaba en el siglo pasado Martín Pomala, observando el paso sereno y silencioso del río Saldaña. Pomala fue el primer bardo de renombre nacional nacido en Ataco. Ahora son dos los poetas reconocidos nacionalmente oriundos de aquel olvidado pueblo tolimense: Pomala y Nelson Romero. Nelson con vuelo continental, teniendo en cuenta que hace pocos días fue el ganador en Cuba del Premio de Poesía en la edición número 56 del Premio Casa de las Américas con su libro de poemas ‘Bajo el brillo de la Luna’, que empezó a construir hace más de una década y que revela sueños y amarguras desconocidas de pintores universalmente conocidos: Van Gogh, Goya y Edvard Munch.

Nelson Romero y otro poeta tolimense grande, Luis Eduardo Gutiérrez, constituyen una versión regional de Aurelio Arturo, en cuanto han podido -entre otras muchas proezas- construir bellos poemas, bajo el peso apabullante del tedioso y monotemático mundo judicial, y la mirada austera del juez, donde casi siempre todo se repite y calca, y nada se crea ni construye. Quizá por ello, para liberarse de ese desesperante encierro, los jóvenes poetas tolimenses no encontraron salida de escape y liberación distinta que hablar en nombre de muertos admirables y contar sus secretos existenciales que aquellos jamás pudieron relatar. Luis Eduardo, adentrándose en las cartas de Kafka, descubriendo lo que jamás pudo decir, pero que Franz quería decirle a Felice Bauer, y a su hermana Ottla. Y Nelson, hablando desde el alma de Van Gogh, Goya y Munch con palabras surgidas de la luz.

Escaparon oportunamente y empezaron a caminar por el mundo de la poesía sembrando versos. Nelson arrancó con ‘Rumbos’ (1998), ‘Surgidos de la Luz’ (2000), ‘Grafías del Insecto’ (2006) y ‘Obras de Mampostería’ (2007) cosechando reconocimientos, como el premio de poesía Fernando Mejía Mejía, Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia, Premio Nacional de Literatura Ciudad Bogotá, junto con distinciones y respetables menciones a lo largo de muchos encuentros literarios. Luis Eduardo, conquistando el XI Premio Nacional de Poesía ‘Eduardo Cote Lamus’, entre otros.

Finalmente, -por ahora- Nelson coronando Casa de las Américas en Cuba, con lo cual, como él mismo lo ha evidenciado, ha logrado ganarse con infinita disciplina y consagración, sin necesidad de proceso de investigación de paternidad: la progenitura de las palabras. De tal padre, tal hijo.

Ahora, el reto para sus paisanos radica en divulgar masivamente su obra y analizar sus contenidos. Edisón Damián Díaz Rodríguez -entre otros estudiosos del tema- hace unos años empezó bien esta última y educativa tarea. Los tolimenses deberían continuarla integralmente, a plena luz del sol o bajo el brillo de la bella luna tolimense. El Tolima lo merece. Y, obvio, los poetas también.

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