Corrupción pijao

El Tolima es Colombia. La anterior afirmación parece por demás ingenua, pero conviene tenerla presente cuando miramos y tratamos de analizar objetivamente la realidad cotidiana de nuestra región: En lo bueno y sobre todo en lo malo, aunque sin ser apocalíptico, lo último se da con más frecuencia que lo primero. Colombia transita por un delicado período de crisis institucional, cultural y de convivencia. Y las expresiones nacionales de dichas crisis golpean con fuerza y contundencia al Tolima e Ibagué; y, al igual que en lo nacional, también en lo regional, la alternativa de los buenos ciudadanos está en colocarse al lado, firmes y dispuestos, de quienes luchan por alcanzar la paz, lograr equidad y justicia social, profundizar en democracia, y combatir la corrupción, para hablar de los retos más urgentes de la actual coyuntura histórica.

En el Tolima, -al igual que en todo el país- la lucha contra la corrupción aún no moviliza masiva, social ni políticamente a las mayorías nacionales ni regionales. La corrupción sigue ahí, corroyendo lenta pero segura, el presupuesto nacional, departamental y municipal. Hace pocas semanas, el Observatorio de Contratación de la Cámara Colombiana de la Infraestructura concluyó que en 2014 un 65 por ciento de los procesos licitatorios abiertos en los municipios del país, y un 35 por ciento de los celebrados en los Departamentos, terminaron favoreciendo una única oferta. O sea, iban amarrados, dirigidos a un contratista determinado, donde obvio, los ganadores devuelven el favor con un buen porcentaje de coima. En Ibagué y el Tolima, según entidad regional de ingenieros, el fenómeno se repitió con las mismas características denunciadas por el Observatorio. Pero, lo inquietante es que –salvo dos o tres reiteradas denuncias públicas- no se presentan, en proporción equivalente, denuncias penales en ese sentido. De ahí, la importancia de avalar y apoyar a la Fiscalía General de la Nación y la Procuraduría –porque las Contralorías no sirven para un carajo- para que mucho más temprano que tarde concreten investigaciones y puedan judicializar a los hampones de cuello blanco que roban en nuestro entorno. Que cumplan con lo prometido hace pocas semanas, en ruedas de prensa, realizadas en Ibagué.

Y, lo otro bien preocupante: la corrupción en la Policía regional, que por estos días constituye noticia nacional. Los hechos son dramáticos: un Subcomandante de Policía de Rovira cogido con las manos en la bolsa millonaria obtenida de extorsión. Y, nueve policías dedicados al microtráfico, capturados en Ibagué, son hechos que asombran y conmueven. Pero, ojo: resulta necesario rodear, respaldar y apoyar al Comandante de la Policía Metropolitana, coronel Carlos Hernán Camacho, en su tarea de combatir la corrupción dentro de la institución policial. Generalizar, en este caso, no sólo sería, por demás incorrecto estratégicamente, sino injusto personalmente. Y Camacho, está logrando buenos resultados en ese sentido, así sea por demás doloroso institucionalmente, reconocerlo.

En territorio pijao –aunque semántica ni regionalmente el vocablo es correcto- también se mueve la política y la corrupción.

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