Cartas sobre la mesa

Muchas jugadas de poder -más que las de póker- son impredecibles. Sobre todo si provienen de la cabeza del Estado, donde siempre rige -y ha regido- el inescrutable silencio de los llamados secretos de Estado. Las últimas decisiones tomadas por el presidente Santos (con fama de buen jugador de póker) en relación con las actuales negociaciones de paz adelantadas en La Habana, evidencian que Santos puso sobre la mesa parte esencial de su juego.

Ahora bien, bajo el manto de los secretos de Estado, no se sabe a ciencia cierta si el Presidente vislumbra una pronta salida favorable a las negociaciones (y por ello se la juega entera); presiona a las Farc para que no dilate angustiosamente los tiempos; o la más peligrosa, y ojalá imposible de considerar: que sea un ultimátum con los riesgos de aplazar, congelar, o terminar el proceso.

Santos con el enroque hecho alrededor de la embajada de Washington, trayendo a un sereno y simpático negociador a la Cartera de Defensa y mandando a un excelente y rentable descanso al rabioso exministro Juan Carlos Pinzón, envía mensaje de impulso a los diálogos, sin radicalización militar, que constituye importante avance desde el Gobierno y la institucionalidad. Esa ya es una apuesta arriesgada. Pero Santos no para ahí, y juega otra carta clave, casi de forma inmediata, enviando a La Habana a la canciller María Ángela Holguín, y al empresario Gonzalo Restrepo, con la tarea principal de ajustar y acelerar los tiempos de la negociación. Con estos movimientos, resulta por demás lógico y predecible suponer que todo está acordado para que salga adelante el proceso, aparezca Simón Trinidad en cuerpo presente, y los demás jerarcas de las Farc se la jueguen por el cese unilateral definitivo.

Es decir, la pelota -para hablar futbolísticamente- está en la cancha de las Farc. Y la próxima jugada -en términos de las cartas- la tiene en turno para jugar la organización subversiva en armas más vieja del mundo.

En estos casos, no se pueden desconocer los análisis de aguafiestas, en especial tratándose de académicos serios, que aún no han visto gestos de paz de impacto nacional e internacional por parte de las Farc y acordes con los avances logrados. Sobre todo si se tiene en cuenta la arrogancia fastidiosa con que algunos jefes de las Farc aparecen en los medios de comunicación, pontificando sobre todo, por todo y ante todo, como guerreros invencibles y victoriosos de todas las horas. Una salida en ese tono sería el balde frío que congelaría de inmediato la esperanza de una solución pronta al conflicto con las Farc. Y abriría de par en par las puertas para que desfilaran triunfantes, los amigos de la solución violenta y militar del conflicto, que se encuentran, unos agazapados tras frondosos ramajes empresariales y burocráticos, y otros abanderando a diario con micrófono y cámaras estas mismas tesis. Es decir, se perdería la actual apuesta de paz. Ojalá que no.

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