Amando al Tolima

En la presentación de William Ospina de su último trabajo literario “El año del verano que nunca llegó” en la Feria del Libro en Bogotá, al finalizar su exposición y dentro las intervenciones del público, un joven mostró su sorpresa por el hecho asombroso –para él- de evidenciar que el autor de aquella destacada obra era tolimense. Habría resultado interesante conocer las razones de dicha extrañeza: ¿En el imaginario de muchos jóvenes colombianos, los buenos escritores nacionales solo pueden ser oriundos de la Costa Atlántica o de las principales ciudades del país?. Podría ser, y no les faltarían argumentos ni ilustres nombres, por demás recientes, para sustentar su tesis.

Sin embargo, la pregunta del joven, podría tener otra arista, obvio amarrada con un nuevo interrogante: ¿Cómo perciben los jóvenes colombianos de hoy al Tolima?. ¿Qué les dice o significa esa región de Colombia?. De seguro, en su disco duro ya tienen bien armada su visión en relación con otras ciudades y departamentos, así no los conozcan. Una posible explicación a la sorpresa del joven, podría estar –desde la óptica cultural- en la poca presencia de nuestro departamento en los grandes eventos y ligas culturales con cobertura nacional. Y, -salvo William- en los pocos intelectuales tolimenses con actual renombre nacional e internacional. Otra razón, -por demás lamentable- sería la evidente marginalidad en las últimas décadas frente a las grandes decisiones y acontecimientos históricos en Colombia, donde el Tolima no ha jugado papel protagónico alguno.

A la fija, aquel joven al terminar de escudriñar los secretos de aquellos días comprendidos entre el 16 al 19 de junio de 1816 en Villa Diodati, tendrá su propia visión simple del Lago Lemán en Suiza, o de la Skiner Street en Londres y la percepción fría, nublada, del Tolima a la sombra del Nevado del Ruiz, con peñascos, riscos e inmensas llanuras completamente oblicuas.

La mirada del entorno europeo será completa, pero la del Tolima -para aumentar el asombro del joven de marras- continuará siendo inconclusa, por cuanto el Tolima culturalmente es una suma de Tolimas, enmarcado hoy institucionalmente en linderos geográficos arbitrarios decretados desde fuera de nuestra región para favorecer derechos distintos a los de sus habitantes.

Pero también está – y no era asunto de la obra mencionada- el Tolima de la llanura, de los valles secos, ardiente, de la polvareda, cálido, el que poetas y escritores tolimenses ven a través del amarillo del sorgo, el verde de todos los colores, el blanco del algodón, el impresionante rojo de los atardeceres en el sur, ese otro Tolima que está no sólo en la niebla y los riscos, el atravesado de Sur a Norte por el río Magdalena, y que William, de seguro nos hablará más pronto que tarde en una obra ojalá centrada en nuestro Tolima entero, donde los linderos sean los culturales y los del sentimiento de pertenencia, tanto al Norte como al Sur. Y, William Ospina sí que sabe del tema. Enhorabuena.

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