La derecha agazapada

La derecha -noción de una franja política, que muchos politólogos consideran en desuso- tanto nacional como internacionalmente, acuden por estos días de agitación electoral, a los extremos de ubicar las cosas al borde del desastre total, para justificar, ambientar y requerir apoyos a sus propuestas electorales. La izquierda, ¡quien lo creyera! ha resultado más parca, mesurada y serena que su centenaria contradictora política.

En Colombia, el tema de las conversaciones de paz en La Habana constituye semanalmente el plato fuerte, y los asuntos relacionados con la igualdad de las personas -de hondo contenido jurídico- la preocupación, más o menos mensual. Innecesario, enfatizar que el Procurador General de la Nación abandera y lidera integralmente, con mucha eficacia y eficiencia, las huestes conceptuales de la derecha colombiana, dejando al Centro Democrático y su líder la tarea de controvertir lo relacionado con la paz, así sea tangencialmente. Obvio para no perder electorado, y los votos, bienvenidos sean, desde donde vinieren, parece ser una consigna general y nacional, para todos y todas.

Interesante observar cómo traspasando océanos el lenguaje conceptual de las tendencias políticas para hablar el mismo idioma político se identifican. Los avances en los diálogos de La Habana han significado para la derecha nacional la entrega de la institucionalidad, la impunidad total para criminales, la degradación moral de nuestra fuerza pública, la consagración de los campamentos de las Farc como santuarios intocables, y, sobre todo, la entrega del país y sus instituciones a fuerzas del mal y la criminalidad, que no dejarán -en caso de un acuerdo- piedra sobre piedra, sino que pondrán a Colombia patas arribas, empezando por desconocer el derecho a la propiedad. Sobre todo rural. O sea, el acabose total de la nación.

Si por acá, en esas instancias llueve, por ejemplo en EE.UU., no escampa. El acuerdo nuclear con Irán firmado por Obama llevó al republicano Micke Huckabee -la buena versión de Ordoñez en EE.UU.- a afirmar delirante que dicho acuerdo llevaría a “los israelíes a las puertas de los hornos crematorios”. Algo semejante -en sus justas proporciones, para ellos- a las consecuencias de posibles acuerdos con los grupos subversivos a la colombiana.

Lo discordante entre esa derecha internacional y la nacional, al calor de los debates electorales, radica -como cosa rara- en que la derecha nacional no radicaliza el debate como sí ocurre en EE.UU., en especial con los venenosos dardos que Donald Trump clava a sus opositores. Es decir, la derecha colombiana -salvo en Bogotá- no se juega sus cartas conceptuales en el próximo debate electoral. Y la ideología de derecha, sobre todo frente al modelo de desarrollo, es mayoritaria en los partidos existentes. Es más, el jefe del Centro Democrático ha prohibido a sus militantes referirse al tema de la paz como eje de debates regionales. ¡Cómo hace de falta que la derecha colombiana se juegue de frente con sus tesis, el futuro electoral! Ello llevaría a cualificar el debate. Tanto nacional como regionalmente.

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