¿Oportunidades perdidas?

En 1959 el entonces candidato John F Kennedy puso de moda la trillada idea que la palabra crisis, en chino, la componen dos caracteres: Wei, que significa peligro y Ji, oportunidad. En otros términos, que para enfrentar los problemas no solo hay que tener visión de largo plazo sino reflexionar sobre las lecciones que dejan los tiempos difíciles.
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Aterricemos el concepto a la pandemia covid que nos agobia. Para un estadista, la catástrofe social hubiera sido la ocasión de acometer cambios estructurales, como el ineficaz, desbordado e inflexible gasto público; digitalizar todos los servicios del Estado o hacer universal el servicio de banda ancha. Darle a la ciudadanía señales de liderazgo, transparencia y austeridad; ganarse con el ejemplo la legitimidad necesaria para poder incrementarles los impuestos a quienes ganan más, incluidos jueces, pensionados y congresistas, que permitan la sostenibilidad de estas y otras reformas. 

Pero líderes con el temple del carismático norteamericano son escasos. Nuestro gobierno escogió el camino inverso: incrementar la burocracia de los desprestigiados entes de control y asegurarse su dominio.

En el índice de percepción de corrupción 2020, Transparencia Internacional nos califica 39/100. 1,95 sobre 5. Ocupamos la posición 92 entre 180 países (91 menos corruptos y 88 peores). Nos ganan Lesoto, Jamaica, Senegal, Sudáfrica, Cuba, Ghana; estamos mejor que Venezuela, Nicaragua e Irán. El informe resalta que “Una concentración alarmante de poder en el brazo ejecutivo de países como Colombia (39) … ha contribuido a una explosión de irregularidades y casos de corrupción vinculados a la contratación relacionada con la covid”.

Y para completar, acaban de entregarle En Territorio (antiguo Fonade) al partido Conservador, para que alcaldes y gobernadores aceiten las campañas de sus congresistas, a punta de convenios interadministrativos. 

Otro fiasco anunciado lo acaba de reportar el Crisis Group: “La deforestación se ha disparado en Colombia desde el desarme de la guerrilla… Los grupos criminales han intensificado sus actividades económicas (ganadería, tala, minería y cultivos de coca) y así acelerado la pérdida de bosques y selvas en áreas anteriormente controladas por la guerrilla…

La ganadería se destaca como la principal causa de deforestación. Al abastecer cadenas de suministro legales, causa una mayor pérdida de bosques que la coca, la tala ilícita o la minería ilegal de oro…

La tierra utilizada para el pastoreo a menudo se obtiene ilegalmente o se encuentra en zonas de protección ambiental”. El ganado devora ecosistemas estratégicos y las áreas más productivas para la agricultura. El único cultivo que se expande es la coca (empujada por el glifosato), pero el presidente, en el exterior, posa de comprometido ambientalista. 

“Las oportunidades son calvas y se agarran por los cabellos”, dice el viejo refrán. En 2018 el expresidente del “corazón grande” se aferró a los bucles plateados que lo rondaban. Los de La Sergio Arboleda aprovecharon el papayazo y consiguieron Fiscal General, Defensor del Pueblo, ministro del Deporte, Comisionados de Paz, directora de la Agencia Nacional de Tierras, gerentes de Innpulsa y RTVE. También se beneficiaron los 149 invitados al tour por la COP26 (conferencia del Cambio Climático) en Escocia, con escalas para banquetes y agasajos en Francia, Dubái e Israel.

Gabriel García Márquez dijo una vez: “Escribo para que mis amigos me quieran más”. Esto, que parece comprensible y galante en el trabajo solitario de un artista, resulta detestable en un hombre de Estado.

 

GUILLERMO HINESTROSA

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