Se acerca la hora

Las elecciones presidenciales en EE.UU. siempre revisten interés mundial, pero éstas en particular despiertan un interés mayor: son las primeras en medio de la pandemia, y servirán para medir el impacto del coronavirus en la política.
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. Si Trump consigue la reelección dará alas a los partidarios de un modelo que privilegia el crecimiento económico sin importar los costos sociales y ambientales. Si pierde, se abrirá un nuevo tiempo en el cual prevalezca el bienestar de la gente, el respeto al medio ambiente y un mejor reparto de la riqueza. Joe Biden, por su parte, es abanderado de una agenda verde, quiere reincorporar a EE.UU. al Acuerdo de París, y alentar otras economías para que redoblen sus esfuerzos en materia climática y ambiental. Se ha comprometido a “liderar el mundo mediante el ejemplo, logrando que EE.UU. alcance el 100% de energía limpia y cero emisiones netas antes de 2050”.

El pueblo norteamericano es el más golpeado por la pandemia. Hay 8.5 millones de personas contagiadas y 224 mil muertos por Covid-19. En buena parte, Trump es el culpable de esta catástrofe, debido a su actitud negacionista y de ‘macho Alfa’, que alentó a millones de personas a no usar tapabocas y desacatar las normas de distanciamiento físico. Trump representa un perfil humano primario, acorde con la sociedad patriarcal. Es el ‘macho, macho’. Si George W. Bush era una especie de ‘cowboy’ – que por cierto, no respalda a Trump – con pretensiones de sheriff mundial, Donald Trump tiene delirios de King Kong, un bravucón y payaso del que puede decirse que ‘tras de bufón, ladrón’, pues según el informe del New York Times se ha apropiado de fondos de su campaña y sustraído 170 millones de dólares donados por sus seguidores. Esta puede ser la razón para que Biden recaudara US $130 millones en las dos primeras semanas de octubre y tenga US $118 millones más que Trump, para encarar la recta final.

Un triunfo de Biden desalentaría a muchos de los seguidores de Trump en el mundo, y podría abrir un nuevo tiempo en las relaciones internacionales y en el manejo económico mundial. Ahora bien, en el debate de esta semana quedó clara una cosa: el ninguneo de los dos candidatos a América Latina. Es como si la región no existiera. Ni la mencionaron. A Trump solo le importa Venezuela, por razones obvias. Y eso que uno de los estados en donde podría definirse la elección es Florida, en donde el voto latino tiene un peso significativo. La elección entre Al Gore y Bush se definió por escasos 550 votos, que le permitieron a éste quedarse con los 29 delegados de dicho estado al colegio electoral y ganar la presidencia. De allí la importancia de los 140 mil colombianos habilitados para votar, por eso Trump puso a sonar a Santos, Petro y a las Farc en la campaña.

El próximo miércoles analizaremos con la senadora demócrata Annette Taddeo y el periodista Víctor Alarcón, la situación electoral en la Florida. Se acerca la hora. Vamos a ver si EE.UU. confirma que hay un cambio de signo en la política hemisférica, tal como lo sugiere el resultado de las elecciones en Bolivia.

GUILLERMO PÉREZ FLÓREZ

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