¡Que nazcan mil flores!

El lanzamiento de Alejandro Gaviria como precandidato o candidato (aún no es claro si participará en una consulta o irá directamente a primera vuelta) llega a engrosar el amplio abanico de opciones presidenciales, tan diverso y colorido como la realidad colombiana.
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Por supuesto no será el último, la fragmentación política y electoral es una de las características de estos tiempos, así sucedió en Ecuador y Perú, recientemente.

 La candidatura de Gaviria es una de esas finamente tejidas, casi una obra de filigrana. Primero se cubrió con la túnica académica y se distanció del mundo político, que pasa por el peor momento, el grado de desprestigio de los partidos es total. Es una de las razones por la que muchos apelan a la recolección de firmas, aunque después se inscriban con el aval de un partido, como lo hizo Vargas Lleras en 2018. El rector de los Andes, ha jugado magistralmente sus cartas. Se ha hecho desear, lo han buscado desde diferentes orillas y eso le ha subido sus acciones. Vamos a ver cómo evoluciona su candidatura, y sobre todo cómo maneja las elecciones de marzo, cuando podría verse obligado a compartir tarima con personajes de la fauna política. Alguien con fino sentido del humor me dijo hace unos días, que Gaviria era un buen candidato hasta que ¡fuera candidato! Ahora comenzará a recibir críticas.

 Como dije, Gaviria no será el último en lanzarse. En el ramillete presidencial aún faltan voces, particularmente mujeres. Íngrid Betancourt, la colombiana con mayor reconocimiento internacional podría presentarse. No tiene un premio Nobel, pero la prensa extranjera la trata como si lo tuviese. En un escenario dominado por hombres, sus posibilidades serían muy grandes. Como víctima del conflicto puede izar la bandera de la reconciliación nacional. Me parece curioso que entre el medio centenar de candidaturas no exista ningún nombre tolimense (los hay casi de todas las regiones). Y no porque no haya personas con méritos, me referiré a dos nombres: uno, el escritor y pensador William Ospina, quien ha dedicado su vida a reflexionar y escribir sobre la realidad colombiana como pocos. Tiene claro qué necesita el país y también goza de reconocimiento internacional. Le daría altura intelectual al debate político y atraería gente valiosa a la escena política. Otro tolimense presidenciable es Alfonso Gómez Méndez, uno de los pocos colombianos que se ha desempeñado en las tres ramas del poder público: juez, ministro, representante a la cámara, procurador, fiscal, embajador. Un jurista con amplísimo conocimiento del Estado, que podría recoger una tradición liberal histórica. Cualquiera de los dos obraría el milagro de que los tolimenses volvieran a mirar hacia arriba, tan necesario en estos tiempos.

En 1956 Mao Tse Tung lanzó una campaña llamada de las cien flores: “Permitir que 100 flores florezcan y que cien escuelas de pensamiento compitan es la política de promover el progreso en las artes y de las ciencias y de una cultura socialista floreciente en nuestra tierra”. Colombia tiene complejísimas dificultades y requiere un debate serio sobre el futuro del país. Ojalá tengamos una campaña llena de contenido programático y no saturada de lugares comunes, miedos y descalificaciones personales. No se trata de elegir un presidente, sino de cambiar el país. Merecemos un mejor destino. ¡Que nazcan mil flores! 

GUILLERMO PÉREZ

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