¡Aquí estamos!

La decisión no era fácil. Primero había que ganar las ‘primarias’ en mi familia, que con sobrada razón se oponía a que nos metiéramos a participar electoralmente y ofrecerle a Colombia una opción de cambio real. Consulté a los amigos, algunos de ellos, llenos de cariño y sensatez, me aconsejaron ni siquiera pensarlo, sabedores de que carezco de fortuna económica y de ‘maquinaria electoral’ para aspirar a un escaño en el senado de la República. Así, tomé distancia y me fui casi dos meses a España, a valorar la situación y tener mayores elementos de juicio. Regresé tan dubitativo como me fui.
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Sin embargo, los astros comenzaron a alinearse. La Corte Constitucional publicó la esperada sentencia que devolvió personería jurídica al Nuevo Liberalismo, y poco a poco comenzaron a abrirse las puertas de la participación. En Colombia es inusual encontrar un partido que valore a las personas por lo que representan y por su hoja de vida, máxime si se es alguien casi anónimo y provinciano como yo.

Después de mucho consultarlo con la almohada decidí que debía dar un paso al frente y participar, y aquí estamos, en el cuarto renglón una lista paritaria de mujeres y hombres, liderada por mi colega periodista Mabel Lara y de la cual hacen parte personas con sobrados méritos y reconocimientos, entre ellas el ex Defensor del Pueblo, Carlos Negret, la politóloga y académica Sandra Borda, la lideresa afrocolombiana Yolanda Perea y el ex candidato a la alcaldía de Bogotá, Carlos Fernando Galán, en el sexto renglón. Me honra ser parte de esta lista, que es la de un partido que tiene en su ADN la transformación de la política en Colombia.

En un acto de coherencia entre lo que dice y lo que hace, el Nuevo Liberalismo se la jugó por la opinión. Sin pensar en los votos ni en la billetera, desoyendo a quienes le aconsejaron refundirse en una coalición, tomar el atajo y no contarse electoralmente. Asumió el camino empinado de apelar a la renovación y proyectar nuevos liderazgos. Tuvo que superar el ‘fuego amigo’ de antiguos líderes del partido que volvieron a él solo para poner condiciones y desacreditarlo; tuvo que superar también la narrativa de los aliados, que sin respeto por su independencia pusieron a rodar la tesis de una supuesta ‘mezquindad’ por no aceptar una lista salpicón abierta.

Una operación ‘avispa’ como a las que nos tienen acostumbrados los partidos tradicionales, en las cuales no existe proyecto político sino una sumatoria de individualidades, en donde cada candidato es un partido. Por fortuna no sucumbió a esa tentación, y aquí estamos, dispuestos a demostrar que hay un país que no se resigna a ver que la política es un asco, y que no somos una comercializadora de avales.

El Nuevo Liberalismo ha regresado. Y va a probar que este esfuerzo y sacrificio merece hacerse. En mi caso personal, aspiro a representar a la provincia, y ponerle coto a ese centralismo asfixiante que la ha sumido en el olvido, el atraso, la corrupción y la politiquería. Trabajaremos para desarrollar la autonomía territorial consagrada en la carta del 91, devolverles la actividad política a sus verdaderos titulares: los ciudadanos, y para defender la democracia de los múltiples riesgos que la acechan. Murillo Toro afirmaba que el centralismo y el autoritarismo nacieron el mismo día. La decisión no fue fácil, pero ¡aquí estamos! 

 

GUILLERMO PÉREZ

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