Una despensa electoral

Recibí esta semana un respetuoso mensaje del exsenador Mauricio Jaramillo, en el cual me recrimina por las afirmaciones de mi columna pasada, en donde califiqué de traición al Tolima la decisión de apoyar a un candidato de Caldas al Senado. Pese a que su mensaje es privado, el asunto es público, y por ello me voy a referir a algunas de sus consideraciones. Dice Jaramillo que mis opiniones son injustas y banales, y que desconozco su compromiso con el liberalismo y el departamento; que la decisión de votar por un caldense se tomó ante la imposibilidad de tener un candidato tolimense que obtuviese 80 mil votos, la votación que él estima como mínima para obtener una curul, y que no todos tienen mi suerte, que a pesar de mi “escasa capacidad electoral, le han dado un lugar de privilegio en la lista del Nuevo Liberalismo”.
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Por supuesto, tengo otra apreciación. Buena parte de la crisis liberal es por haber reducido la política sólo a lo electoral. Quien no tiene clientela o dinero, no existe. Pero ésta tiene otras dimensiones que pesan, como la preparación, las ideas y la reputación. Por eso dije que su señor padre, Alfonso Jaramillo Salazar, cuando propuso a Palacio Rudas como candidato a la constituyente, no pensó si tenía votos o no, sino en si estaba preparado para ejercer ese cargo. Yo no tengo votos, me ufano de eso, pero tampoco tengo vetos. Los votos son solo de los ciudadanos. Al Nuevo Liberalismo le entregué únicamente mi trayectoria como abogado, periodista y un liderazgo cívico y social ejercido a lo largo de mi vida. Y ese es el perfil de todos los integrantes de la lista. No somos políticos profesionales.

No pretendo personalizar este debate, pero los partidos son instituciones que se financian con dinero público y deben someterse al escrutinio ciudadano. La crisis liberal es profunda, y ya habrá oportunidad de hablar de ese asunto. Ahora bien, algo de injusticia sí cometí con Jaramillo al centrar la acusación solo en él. En idéntica actitud andan otros políticos. El representante Jaime Yepes de la U, por ejemplo, votará por una candidata del Valle; las diferentes facciones de Cambio Radical lo harán por candidatos de la Costa, Bogotá y Huila, pues no se pusieron de acuerdo en el “negocio”. Estamos presenciando un saqueo a plena luz del día, del cual participan políticos nuevos y viejos. Viejos como el exsenador Carlos García Orjuela, que piensa solo en el beneficio familiar. Los tolimenses deben saber que los quieren endosar como letras de cambio. El Tolima les importa un pepino. No tengo claro si su idea es anexarnos a Caldas, Valle, Huila o Bogotá.

No nos digamos mentiras, el Tolima no va bien. Y no va bien por la profunda crisis de liderazgo que existe. La política no es un ejercicio de sumas y restas electorales, jugaditas, transacciones por debajo de la mesa y obtención de canonjías. Todo de espaldas a la ciudadanía. La mayoría de alcaldes son tenientes electorales y hacen politiquería abiertamente, igual que funcionarios del Gobierno nacional, que recorren el departamento repartiendo dádivas oficiales para conseguir votos. Esta campaña tiene que permitir un debate amplio sobre todas estas cosas, pues la situación se pondrá peor si se consuma este saqueo. Quiere reducirnos a la triste condición de despensa electoral. Hay que decirle no al voto mercenario.

GUILLERMO PÉREZ

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