Ibagué, 472

Comencemos por lo obvio y fundamental, la ubicación geográfica: Ibagué es la capital de departamento más cercana a Bogotá (200 kilómetros), después de Villavicencio (124) y Tunja (140), y eso le confiere una ventaja comparativa y competitiva muy grande frente al resto de capitales.
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De las tres, es la de mejor clima. La capital del Meta es muy caliente y la de Boyacá muy fría. Eso explica, en parte, el porqué se está radicando tanta gente en nuestra ciudad procedente de la capital de la República.

Puede decirse que el Tolima, con su capital a la cabeza, es el centro de gravedad del país. Si se bloquean Honda, Flandes y Cajamarca, más de medio país quedaría paralizado. Piensen ustedes que el 51 % del comercio exterior de Colombia se mueve por el puerto de Buenaventura, lo mismo que el 37,9 % de las importaciones sin contar las minero energéticas. 

En el Tolima vemos pasar el mayor porcentaje de mercancías que entran y salen del país, sin embargo, no existe un centro logístico que acopie y redistribuya. La congestión de la vía Ibagué – Bogotá, es imputable no solo a las obras de mejoramiento que están en curso, sino al tráfico de carga que va o viene de allí. Y lo más triste: en enero del año pasado se cumplieron 100 años de que llegara a la ciudad musical el primer tren procedente de la capital. Una empresa que comenzó a gestarse en el siglo XIX, lo mismo que el cable aéreo Manizales – Mariquita. Hoy no hay tren ni se avizora que vaya a verlo en el futuro próximo.

Pero ahí no para la historia. La riqueza hídrica es fabulosa. Por ello no se compadece que varias comunas tengan problemas de abastecimiento y de calidad del agua. La que suministra el IBAL es buena, pero el 15 % de la población tiene un índice de riesgo de calidad (IRCA) del 47,12 %, es decir, un riesgo alto de contraer enfermedades derivadas de la mala calidad. No sé si es por eso que abundan las farmacias en la ciudad. Los 37 acueductos comunitarios que existen no tienen una administración técnica eficiente. Es un asunto crítico que merece mayor atención por parte de la ciudadanía y de la administración municipal. 

Por otro lado, la flora es quizás el principal tesoro local y regional. Cámbulos, caracolies, ocobos, palma de cera, ceibas, arrayanes, gualandayes y guayacanes, para no extenderme en la enunciación, son un patrimonio que cualquier ciudad envidiaría. Es tan rica nuestra flora que nos damos el lujo de tumbar samanes, como sucedió con los del parque Centenario. De hecho, tenemos dos jardines botánicos, el San Jorge y el Alexandre von Humboldt, de la Universidad del Tolima. El turismo de naturaleza es uno de los sectores que mayor potencial tiene y podría ayudar a combatir el desempleo estructural que nos azota, así como la informalidad laboral y comercial.

Los activos naturales son muchos, muchísimos (me falta hablar de la fauna) y la ciudadanía debería reflexionar muy seriamente si la ciudad toda, el sector urbano y el rural, merece o no mejor suerte. Se requiere una administración pública que se deslinde totalmente de la politiquería. De eso depende el presente y el futuro. No sé si sea mucho pedir. Feliz cumpleaños querida Ibagué. 

 

GUILLERMO PÉREZ FLÓREZ

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