Una reflexión de vida

Guillermo Pérez Flórez

Una de las ventajas de hacerse mayor es que se amplía la perspectiva temporal y ello permite contar con vivencia para construir opiniones propias y hacerse reflexiones. Trataré de explicarme.
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En 1982 el presidente Belisario Betancur al tomar posesión de la presidencia de la República, en un vibrante y poético discurso, afirmó que “La erosión de los suelos, la destrucción de los bosques con su cortejo de inundaciones y sequías, la contaminación de aire y aguas, obliga a pasar de la estrategia a la acción en su afrontamiento y soluciones”. Hizo referencia a que la Amazonía y la Orinoquía eran nuestro mayor herencia y capital, razón por la cual propuso a los organismos del sistema regional, la formulación de una Carta Ecológica que convocara el consenso de los gobiernos, y se comprometió a que Colombia iniciaría una segunda Expedición Botánica, en “testimonio de gratitud al sabio Mutis, el cura gaditano que redescubrió nuestra alma y alumbró nuestra libertad”.

Han pasado 40 años y la cuestión ambiental ha adquirido mayor relevancia. Recientemente, el presidente Gustavo Petro, pronunció un discurso en la ONU que me hizo recordar al de Betancur, pues tienen conectores, la preocupación ecológica y la convocatoria para salvar a la amazonía, como una de las estrategias para detener el apocalipsis derivado del cambio climático. “Aquí, dijo Petro, en esta Selva Amazónica, hay un fracaso de la humanidad. Tras las hogueras que la queman, tras su envenenamiento, hay un fracaso integral” y propuso que se cambiara deuda externa para financiar tal propósito. La propuesta de Betancur se transformó en una política de gobierno que tuvo brillo durante su cuatrienio. El planteamiento fue recogido por el gobernador del Tolima de la época, Armando Devia Moncaleano, y dio lugar a la Fundación Segunda Expedición Botánica, de cara al bicentenario de la Real Expedición de Mutis, y como una estrategia de recuperación del bosque húmedo tropical en Mariquita, declarado reserva forestal en 1960, cuando tenía 637 hectáreas. Hoy, luego de diez mandatos presidenciales tiene menos de 90.

¿Por qué razón nos quedamos en las palabras? ¿Por qué no hemos sido capaces de transformar nuestra conciencia ambiental, movilizar la sociedad y comprometer a los gobiernos en una acción sostenida en torno a un propósito tan noble y bello como la preservación de nuestro patrimonio natural?  En estas cuatro décadas se expidió una nueva constitución que es sin duda ambientalista, pues consagró la función ecológica de la propiedad (art. 58). También la ley 99 de 1993 que creó el Ministerio del Medio Ambiente y organizó el Sistema Nacional Ambiental. Y la ley 1333 de 2009 que establece el procedimiento sancionatorio ambiental. 

Hemos levantado un bosque de leyes, decretos y resoluciones, muy importantes todos, y aun así las cosas van a peor, desde la perspectiva ambiental. Soy abogado y miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia, y cuando leo esta normatividad siento frustración e impotencia, las cuales se han acrecentado desde que acepté dirigir Funbotánica, Fundación Segunda Expedición, una entidad que se niega a morir y se mantiene en pie como vestigio de un compromiso moral.

El próximo 9 de diciembre iniciaremos en Mariquita la celebración de los cuarenta años de esta entidad, con una conferencia sobre el Acuerdo de Escazú, a cargo del PhD en biotecnología, Germán Pachón, porque sólo hay una opción: seguir en la lucha. No rendirse. Pero algo no hemos hecho bien, y sobre esto hay que reflexionar. Cuarenta años son toda una vida.

 

GUILLERMO PÉREZ

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