Educación e ignorancia

Hay un aforismo muy trillado que afirma: “La ignorancia es la peor esclavitud’. Ahí radica buena parte de nuestra crisis. El hombre ante esta cruda realidad se siente desorientado, como dicen los franceses “depaysé”, fuera de su país, y esa es la atmósfera espiritual que nos envuelve.

Los gobernantes parecen apostarle al sometimiento de sus asociados aprovechando la ignorancia de buena parte de sus miembros.  

En estas naciones del Tercer Mundo, patio trasero de algunas potencias, donde ha fracasado el proceso de descolonización, se insiste en mantenernos en esas condiciones.

Ocurre que se ha olvidado por los gobiernos, al parecer a propósito, que para salir del atraso, combatir la inseguridad, ubicarnos como sociedad respetable en el ámbito internacional y demás beneficios ciudadanos, la comunidad debe prepararse para que surjan nuevos liderazgos, otras alternativas populares y quitarnos de encima el sanbenito de “los mismos con las mismas”. 

Es ingenuo pensar que eso va a cambiar tan rápido como se necesita. Durante siglos hemos sido manejados por castas que se han atornillado al poder y sólo lo prestan a quienes ellos consideran sus pares.

No solo a nivel nacional sino en la comarca, hay gente que se cree necesaria e incambiable y así lo asumen porque la misma comunidad ignorante, ausente de la verdad de lo poco que representan, continúan apoyándolos. Recuerdo una respuesta dada por el expresidente español Felipe González, cuando le preguntaron sobre la aseveración de algunos dirigentes del PSOE, quienes afirmaron que su partido solo sería alternativa de poder si él volvía a asumir su conducción. El líder expresó: “Los cementerios están llenos de gente imprescindible”.

Como siempre habrá problemas por resolver, lo sano y natural es que las diferentes fuerzas que integran una Nación se apoyen mutuamente para su rescate, no para su hundimiento, que es lo que pareciera ocurrir con esos enfrentamientos de alto nivel entre personas que habiendo detentado el poder, se creen imprescindibles.

Por ello, quienes como aves de mal agüero tienen por vocación cotidiana pronosticar el fracaso de todo, es porque en su fuero interno se saben fracasados.

RAFAEL GUTIÉRREZ SOLANO

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