Desarrollo espiritual

Algunas personas me han pedido que trate en mi Columna este importante tema porque con mucha frecuencia han encontrado que no siempre la gente tiene claridad sobre lo que esto significa, y lo que es peor, cómo lograr ese desarrollo espiritual.

Muchas personas confunden espiritualidad con religiosidad, precisamente por no tener claridad para distinguirlas.

La filosofía y la psicología suelen reconocer en el hombre al menos cinco dimensiones importantes: física, que corresponde al cuerpo que hay que cuidar, alimentar, asear y proteger. 

Mental, que corresponde a la parte intelectiva que hay que cultivar a través del estudio, el análisis de los hechos, la crítica a las reales situaciones, a fin de poder tomar decisiones acertadas. 

Afectiva, para lograr la satisfacción de esa necesidad tan humana de amar y ser amado; social, en razón de que no somos islas sino grupos coherentes que deben convivir en armonía, no sólo entre sí, sino también con el planeta.

Y por último la dimensión espiritual, que es aquella que llamamos alma y que perdura después de que hemos cumplido nuestra misión vital.

Las diferentes religiones son interpretaciones culturales, temporales y particulares de la espiritualidad y por esa razón suelen tener tantas diferencias entre sí. 

Esto demuestra que lo verdaderamente importante es la espiritualidad y lo accesorio es la religión.

La espiritualidad es pues el estudio, la comprensión, el entendimiento, el manejo y el desarrollo pleno de esa dimensión espiritual. 

Implica entonces el uso razonado, analítico y lógico de nuestra dimensión intelectual para su comprensión y análisis.

Asimismo, el fortalecimiento y la cualificación en la dimensión afectiva para extender el amor más allá de lo puramente humano hasta lo trascendente, espiritual y divino. 

Y por último, un acertado manejo de nuestra dimensión social, a través de la generosidad y del servicio desinteresado al prójimo.

JAIME LUIS GUTIÉRREZ

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