Deshonestidad intelectual

Parece que no nos preocupamos por la formación de quienes educan a las nuevas generaciones. Algunos tienen vocación, otros solo logran un trabajo y no son pocos quienes ni saben por qué están en el cuento. Esa falta de control de calidad ha hecho posible que la venta de títulos no sea cosa rara (Peñalosa, un presidente del Congreso…), que cualquiera abra negocios con cursos de capacitación o carreras intermedias que únicamente sirven para robar plata a ingenuos y que en universidades, incluyendo oficiales, le abran puertas a vulgares delincuentes con pasado penal y deudas morales con la sociedad.
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Hacen cola los que reciben reconocimientos por sus plagios o presentando como suyos trabajos realizados por otros, los que certifican capacidades que no tienen y  los no mencionados. La llamada Academia de Historia del Tolima se quedó corta en reconocimiento a plagio o fusilada y autopremios.

El mal creció sin muchos problemas como para confirmar que la corrupción llegó a todos los niveles y hace rato le pisa los callos a nuestra Alma Máter. El sepulturero de la cooperativa, mintió sobre la iniciación del Museo y colaboró  en formación falsa dada sobre la institución en varios textos oficiales, directivo de la UT, Director de Cultura como un gran aporte a la corrupción que se apodera del manejo de la cultura del Tolima.

La deshonestidad en el Tolima también toca la propiedad intelectual que protege al creador, no al plagiador o quien quiere figurar como autor de la obra  de otro. Ejemplo: El Sanjuanero es un baile folclórico creado por los campesinos del plan e hizo parte de los bailes folclóricos investigados por Inés Rojas Luna y Misael Devia, que luego fueron montados por las Danzas folclóricas de Armero.

Después de la tragedia de Armero y cuando las danzas se habían reorganizado en Ibagué  y contaban con sede propia, aparecieron unos necrófagos de Armero. Por escritura pública se declararon herederos únicos de los bienes dejados por doña Inés. Dejando por fuera a su hermana y a otros sobrinos vivos. La maroma tiene su triquiñuela jurídica y familiar, así ruede por lo cultural por sus intentos de apropiarse del Sanjuanero. Cola están haciendo el tamal. La avena, el chirrincho, la mistela y el alfandoque, para que los declaren inventos de cualquier chisgaravis nacido en España.

Ñapa: ¿La justicia al servicio de quien? Eso pregunta Pedro Pueblo al mirar los casos que han comprometido a Ernesto Samper, a los beneficiados con los sobornos de Odebrecht, a Saludcoop Montealegre, a Cianurito Martínez, a los magistrados del Cartel de la Toga y lógicamente a Uribe el presidente de los tres huevitos, para no citar sino unos casos.  

HÉCTOR GALEANO ARBELAEZ

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