La farsa política

A nueve meses de la elección presidencial comenzó el circo de las campañas políticas en un país absolutamente polarizado, donde no hay partidos serios y fuertes como en otros países, ni movimientos que de verdad interpreten el anhelo de cambio que a gritos pide Colombia.
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Han sido tantas las veces que los elegidos nos han hecho pistola, que por eso todas las encuestas revelan la indiferencia, la apatía y el rechazo a todo lo que hoy representa el ejercicio de la política.

Tanto los gobiernos del frente nacional, como los siguientes, con muy pocas excepciones, nos han dejado como legado el aumento desmedido de la violencia, de la corrupción  y de la pobreza. Dicen los entendidos que, por ejemplo, en materia de desaparición forzada en Colombia, las cifras superan a las de todos los países juntos del cono sur latinoamericano durante la época de las dictaduras. No hemos tenido dictaduras en los últimos cincuenta años, pero batimos récord en violaciones a los derechos humanos y somos los primeros en exportar estupefacientes y ahora mercenarios.

La historia nos muestra que en otros países los conflictos internos han sido más graves incluso que en el caso de Colombia, sin embargo, esos pueblos logran hacer la paz, sanar las heridas, revelar y aceptar la verdad y echar pa’lante, pero Colombia no. Qué nos pasa?

El miedo a la verdad es demasiado grande, y lo promueven los que tienen que ocultar un pasado que los sostiene en el poder. La verdad facilitaría la conciliación, elemento necesario para debatir civilizadamente sobre el futuro del País. Sin la verdad, no hay Justicia, y sin esta, la Paz es imposible de alcanzar porque la corrupción seguirá en el poder.

Qué tal el ejemplo reciente de los ex presidentes que no dialogan, para buscar una salida de consenso que defienda los intereses de Colombia, frente al diferendo con Nicaragua? Están dedicados a ventilar sus odios y rencores, tratando de maquillar sus pasados con manchas no solo éticas.  

Preparémonos para la sacada de cueros al sol.  Uno de los candidatos a la presidencia tiene a sus espaldas los aportes de Odebrecht para una campaña política, algo que no se olvida. Al exalcalde de Bucaramanga le recordaron los coñazos  y los madrazos a uno de sus opositores. A un exgobernador de Antioquia le sacaron en cara, con o sin razón, malos manejos en un contrato.

Ya se pueden imaginar los cueros al sol de muchos de los candidatos a las corporaciones públicas. No han de faltar los que piensan, que si a Samper casi lo canonizan por sus 8.000 pecados, a ellos les pueden perdonar cualquier pendejada, sin esperar el indulto general de la campaña Uribista, que de aprobarse sepultaría los procesos que hay en  la comisión de absoluciones de la Cámara de Representantes, un Monumento a la Impunidad.

 

HÉCTOR GALEANO ARBELÁEZ

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