Nos trastea satuple

Los conflictos entre grupos humanos siempre han existido, por territorios, por el poder, por creencias religiosas, por comercio o lo que sea. Los conflictos tienen ganadores y vencidos, pero cuando se da entre países ambos pierden.
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Colombia no ha sido ajena a los conflictos; a comienzos del siglo pasado tuvo que padecer la guerra de los mil días y luego se vio inmersa en varias guerras civiles en las que todos perdimos. Después de un receso llegó el asesinato, por el color de un trapo con Olaya Herrera y continuó con Ospina Pérez y el monstruo se creció con el asesinato de Gaitán y la aparición de los chulavitas. Nacen pequeños grupos de defensa campesina, que dieron origen a las guerrillas y aparecen grupos de chusmeros y pájaros y las fuerzas armadas masacrando pueblos, con el pretexto de pacificar. Hubo amnistías de corto alcance e incumplimiento del gobierno.

Cuando la violencia se tomó el Tolima, se organizó el primer Festival Folclórico de Ibagué, que unió a todos los tolimenses y dio origen a las fiestas del retorno en los municipios más afectados por la guerra. Un ejemplo grande de la importancia de la cultura, algo que se tiene olvidado.

Paramilitares y narcos entraron al conflicto y a la política y sin previa consulta o plebiscito, llega la ley de justicia y paz, bajo el gobierno de Uribe, para pavimentarles el camino. Pero esto no salió bien porque los paracos, vaya paradoja, se empeñaron en contar  la verdad y para callarlos fueron extraditados sus jefes. Y desde  allá siguen gritando a los cuatro vientos como nacieron y quienes los apoyaron.

Las negociaciones en la Habana, que logran, por primera vez, un acuerdo de paz  con las  Farc, mejoraron la situación, lo que le mereció el Nobel de la Paz a Santos. Y quién dijo miedo, se despertaron los  rencores y temores, porque miedo si le tienen a la verdad los que patrocinaron la violencia que les dio poder económico y político e impunidad.

La paz cojea sin la verdad. Qué tal si cuentan el papel de encubridor de  los paramilitares y sus patrocinadores por parte del ex fiscal Luis Camilo Osorio y la impunidad con que lo arropa la comisión de absoluciones de la cámara?

La verdad la necesita conocer el país tanto sobre la violencia, como sobre la contratación estatal y la injerencia de Odebrecht y otros entes especializados en robar plata del Estado, con la ayuda de los entes de control.

La violencia también ha afectado el medio ambiente a nivel universal, sin pensar en las próximas generaciones. La tala y quema de bosques, para darle espacio a la amapola y al ganado no solo en la Amazonía. Ni hablar de Ibagué donde vibran los acueductos rurales.

Violencia, corrupción y destrucción del medio ambiente es el legado  que le estamos dejando a las futuras generaciones. No nos preocupamos por el futuro  y se lo dejamos a satuple.

 

HÉCTOR GALEANO ARBELÁEZ

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