Un colombiano en Miami

El gobierno departamental y sus coterráneos en general, sin distingos sociales y políticos, estamos en mora y en deuda mayúscula de rendir cuánto antes un homenaje de exaltación y gratitud a la vida y obra de los gestores del Grupo Editorial Pijao, una empresa cultural que lleva ya más de cincuenta años descubriendo, publicando, proyectando regional, nacional e internacionalmente a los autores y a la literatura del Tolima.
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Tres educadores de tiempo completo, Carlos Orlando, Jorge Eliécer y Pablo Pardo Rodríguez, han dedicado su existencia al noble oficio de seleccionar manuscritos, corregir y diseñar páginas y más páginas e imprimir, durante este último medio siglo, sin interrumpir un solo día y año quizás, miles de títulos que han llevado en sus portadas los nombres de ensayistas, poetas, periodistas, pintores y escritores de gran valía y de renombre que yacían perdidos en el anonimato.

La producción de los poetas mayores del Tolima como Martín Pomala, Diego Fallón, Leonor Buenaventura fue el primer puñado de escritos reseñados y rescatados en la obra semiótica, de estudio y rescate de los hermanos Pardo, en su reto de dar a conocer al mundo de las letras hispanas los valores tolimenses. Los releyeron en tertulias y centros literarios de escuelas, colegios, universidades y bibliotecas públicas. Después, en 1975 " Las primeras palabras" un libro de cuentos cortos de Carlos Orlando y Jorge Eliécer constituyó la piedra inaugural y de lanzamiento del que sería el más prolífico movimiento cultural de importancia descomunal que puso a tono al Tolima con el trabajo y emprendimiento de otros gestores de igual dimensión como el Grupo la Cueva de Barranquilla inspirado por Gabo, Germán Vargas y Álvaro Cepeda Samudio. 

Gracias a la persistencia y al trabajo erudito de Carlos Orlando Pardo, en mis años de bachillerato, a muy temprana edad, me deleite desbrozando el mítico proceso de ficción y realidad de la literatura latinoamericana que apenas empezaba a deslumbrar con sus tiempos, espacios y personajes de Cien años de soledad de García Márquez, de la Casa Grande de Cepeda Samudio, de La Ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa y su Historia de un deicidio. En esos mismos años felices de los setenta, al lado de Sofia Pardo, Sergio Betancur, Eduardo Montealegre y las hermanitas Perla y María del Pilar Moreno, ya por aquel entonces estudiante afiebrado del Centro Literario San Simón, termine hablando de tú a tú en tímida entrevista para el diario El Cronista con el gigante hombre de letras y de negritudes, Manuel Zapata Olivella.

Que yo sepa, después de esa sui géneris labor, el único reconocimiento que le ha dado el departamento del Tolima al trabajo cultural de los Pardo Rodriguez salió de parte del gobernador Miguel Merino Gordillo, quien en 1979 honra su gabinete designando a Carlos Orlando como el primer profesor y escritor convertido en Secretario de Educación. Casi, simultáneamente, el Contralor General del Departamento, Darío Ortiz Vidales confía a Jorge Eliécer la creación de una revista cultural del tamaño y de la importancia de Diners o Credencial y este joven oriundo del Líbano que ya ejercía la docencia en Bogotá la sitúa al nivel de las mejores revistas culturales de Colombia.

Los maestros Eduardo Santa, Eduardo Carranza, Álvaro Mutis, fueron nombres publicados, unos tras otro por Editorial Pijao. Cada año, cada década, desde Ibagué se siguen publicando más y más autores y en cada feria Internacional del libro de Bogotá editorial Pijao presenta ya no libros por separado sino colecciones completas de narradores, cuentistas, poetas y folcloristas al lado de Santillana, Oveja Negra, Planeta, Panamericana, Cangrejo Editores, Educar. Hoy el Grupo Editorial Pijao, junto a Caza de Libros la más reciente iniciativa de Pablo Pardo lleva a Europa, Estados Unidos, México, Argentina, cientos de ejemplares de sus publicaciones más leídas en Colombia. Carlos Orlando y Jorge Eliécer han recibido en los últimos años sendos homenajes y condecoraciones de gobiernos y organizaciones literarias. A inicios de este mes de octubre Carlos Orlando fue objeto de un homenaje tributado por Escritores internacionales reunidos en Cartagena de Indias. El Tolima no puede seguir haciendo como suya la máxima de que “nadie es profeta en su tierra”.

Propongo desde El Nuevo Día que el gobierno seccional y departamental otorgue justos homenajes pero en vida a tan ilustres cultores de las letras regionales. Ya es tiempo de que por la encomiable labor desarrollada por los hermanos Pardo Rodríguez, los senadores y representantes del Tolima impongan la Orden del Congreso a este trabajo de difusión cultural sin antecedentes en Colombia. En la próxima feria del libro de Miami que se realizará del 15 al 18 de noviembre 2020 y que por razones de la Pandemia será un evento para ver y participar en el mundo exclusivamente virtual, con Pablo Pardo y su Caza de Libros estaremos presentando un stand de autores colombianos y tolimenses desde el cual será mostrada y reseñada la magnífica obra cultural y literaria de los profesores Carlos Orlando y Jorge Eliécer Pardo, hoy reconocidos internacionalmente pero desconocidos por la actual clase dirigente del Tolima.

Hermógenes Nagles

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