¿Quién le teme al cambio?

Definitivamente, “de lo malito, malito”, es la élite política colombiana. No se adapta a las nuevas circunstancias, a los nuevos vientos, a las nuevas épocas. No se da cuenta que para poder sostenerse en el vértice superior de la pirámide es necesario cambiar. Así de sencillo: innovar, moverse, girar.
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Piensan que el discurso de siempre  va a calar perpetuamente y que las nuevas generaciones van “comer” de la misma carreta: peleas liberal-conservadora, lucha de clases, los de arriba, contra los de abajo, los del sur, contra los del norte, etc. etc.  La verdad que a estos personajes, les funcionó “la película”, hasta hace poco tiempo. Criticaban mucho a la juventud por su escasa participación en las justas electorales. Seguían de jefes, “los mismos con las mismas” y, a los muchachos, les daban una camiseta, una gorrita, un tamal y... a “pregonar” (léase comprar votos). Nunca pensaron que “los propagandistas” iban a crecer, a pensar mucho más allá de la punta de su nariz y les iban a exigir a los patrones, cuentas por su corruptela e  ineptitud. Mejor dicho, “se le creció el enano al circo”. Delicado el tema.

La ceguera de esa élite, los ha llevado a planear el mismo “modus operandi”, para las elecciones “parlamentarias” del próximo año.  En el caso del Tolima, ya andan visitando cuasi alcaldes (los que quedaron de segundos), otros concejales, presidentes de JAC y líderes de opinión. Apenas muestran “el fajo”. Todavía no entregan nada. De pronto, se les llevan la platica y “los tumban”. La verdad, no se han percatado que, hoy por hoy, la gente -entre otras, afectada por la pandemia- pasa por un momento verdaderamente angustiante desde el punto de vista económico. El tema de la salud, reclasificó hacia abajo los estratos en Colombia y las empresas y entidades que cobran con ese rasero no quieren darse cuenta de ello. Los recaudos, los siguen realizando con las escalas que estaban vigentes antes de la crisis del Covid-19. De temas como este no se percatan o no quieren enterarse “los manzanillos” que comienzan a deambular por la geografía tolimense. Poco les importa lo que le sucede a sus paisanos. Están es pensando cómo cazan incautos para el día de elecciones. Aspirando a que la situación económica sea más crítica aún, para que los votos que compren, no les vayan a resultar tan costosos. A ver, si les funciona nuevamente.

La tormenta amaina y no hubo realmente un ápice de mutación en la estructura del Estado.  Temas como el de “la gratuidad” en la educación superior, eran una “deuda moral” que se tenía con la juventud de nuestro país. Que “no saquen pecho” con lo que es de obligatoriedad social. Adicionalmente, asuntos como un real compromiso para acabar con la corrupción, una mayor atención a la salud mental de los tolimenses, la promoción de “veedurías ciudadanas” para que sean los jóvenes del Tolima los que las lideren, la creación de un nuevo Fondo Ganadero que favorezca al campesinado, la ampliación a gran escala de las zonas Wi-Fi y un gran impulso a la salud física del Tolimense de cualquier edad, son aspiraciones básicas de los habitantes de este gran Departamento. Para ello, no se requiere alterar la Constitución Nacional.  Lo único que se requiere es voluntad política.  Cambiar “el chip” y no tenerle miedo al cambio.

HUGO PATARROYO MURILLO

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