Virtualidad

La pandemia por el coronavirus que vino para quedarse un tiempo nos ha cambiado la vida a todos. Incluso los sectores económicos, sociales y políticos se han visto afectados por ella. Ante el tremendo riesgo que implica que no se respete el distanciamiento social, el uso de mascarillas adecuadas y el constante lavado de manos, se ha optado por la modalidad del trabajo remoto que algunos llaman virtual.
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La pandemia nos metió de lleno en la transformación digital a favor de las empresas y del desarrollo de innumerables actividades. Ha tenido el universo, afectado por el coronavirus, que adaptarse a una nueva manera de hacer las cosas. Vemos por ejemplo a las instituciones educativas haciendo lo posible y más para poder seguir cumpliendo con su trabajo. Niños, niñas y adolescentes concentrados horas y horas al frente de la pantalla de su computador tratando de asimilar contenidos lo máximo posible porque la presencialidad se vuelve un imposible. Ante el riesgo del contagio la gente asume el principio de la precaución evitando al máximo encontrarse y compartir con otros.

Digo que la pandemia nos ha afectado a todos porque es una realidad. En lo social y aquí me refiero concretamente al trabajo que realizan las organizaciones promotoras del desarrollo en diferentes municipios, la situación cambió sustancialmente. Antes, estas instituciones con sus profesionales hacían presencia en los territorios, interactuaban con las personas y las expresiones comunitarias de cada municipalidad. Generaban dinámicas participativas, promovían el fortalecimiento del capital social, la incidencia en los planes de desarrollo y realizaban procesos formativos con campesinos, indígenas y otros sectores sociales.

Luego de la irrupción de la covid-19 en el mes de marzo, en lo social todo cambió. No es posible realizar reuniones presenciales con las comunidades y esto por supuesto afectó los procesos que venían promoviéndose. Es impensable que se ingrese a los municipios, se desarrolle alguna actividad y se salga a hacer esta en otra entidad territorial. Las medidas que han tomado los alcaldes para prevenir mayores contagios hace que las actividades de promoción social hayan casi desaparecido.

Sin embargo y ante la dificultad innegable que genera el problema de salud pública existente, los procesos sociales luchan para mantener su presencia y su dinámica con las organizaciones en sus territorios. Debo resaltar lo que vienen haciendo varias de estas instituciones promotoras del desarrollo que no se dieron por vencidas y lograron acuerdos con las expresiones comunitarias para mantener su presencia virtual y no dejar decaer las iniciativas que venían impulsando.

Hoy podemos decir que lo social se mantiene en medio de esta compleja circunstancia. Ya vemos y escuchamos a los pobladores populares de los territorios en dinámicas del trabajo remoto o virtual. Siguen los procesos de fortalecimiento, la participación de las organizaciones comunitarias en convocatorias públicas y su obstinación por seguir en actividades formativas.

Algunas instituciones promotoras del desarrollo en este periodo han producido cartillas, podcasts, videos y grupos de chat para mantener el contacto con las expresiones organizativas de los municipios. Es emocionante participar de estos grupos con campesinos, mujeres rurales y jóvenes. Refieren mil dificultades e igual número de peripecias para mantener el contacto y no perderse la actividad virtual programada.

Son ejemplo de que cuando se quiere se puede. Queda para el Gobierno nacional, departamental y municipales el inmenso desafío de generar unas mejores condiciones de conectividad para que esta pandemia no siga ampliando la pavorosa desigualdad que vivimos. No es posible que sigamos escuchando que un campesino tuvo que subirse a la parte más alta de un árbol de su finca para poder seguir accediendo a la reunión virtual que se realizaba.

La virtualidad se aceleró con la pandemia. Hagamos que todos sin excepciones tengamos la posibilidad de acceder a los últimos desarrollos de la tecnología para seguir creciendo como personas, grupos y sociedad. Debemos posibilitar que la virtualidad sea una condición de inclusión y no de exclusión.

HUGO RINCÓN GONZÁLEZ

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