La enfermedad de Parkinson de Adolfo Hitler

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En columna pasada se hizo referencia a la enfermedad de Parkinson, su descripción y algunos aspectos históricos. Se decía cómo el doctor James Parkinson la describió en 1897 en Londres. Pues bien, esta es una descripción de Adolfo Hitler hecha por un oficial del estado mayor, en el bunker en donde se refugió antes de suicidarse: “Iba de un lado a otro a paso lento y trabajoso, inclinando hacia delante la parte superior del cuerpo y arrastrando los pies. Le faltaba el sentido del equilibrio; la comisura de sus labios goteaba a menudo la saliva”. Parecería copiada de la tesis del Dr. Parkinson al presentar su trabajo en la Sociedad Médica de Londres.

Y es que Hitler no gozó propiamente de buena salud. En 1923 se decía de él que era “delgado, casi esquelético, ojos oscuros, párpados caídos, rostro cetrino, bigote descuidado”. Hitler huyó a Austria para no prestar el servicio militar, pero al final participó en la Primera Guerra Mundial en la que sufrió una herida en el muslo estando hospitalizado dos meses. Esto fue en 1916; en 1918 sufrió un ataque con gas mostaza que “le provocó una importante conjuntivitis y tumefacción palpebral que provocaron una disminución prolongada de la agudeza visual”. Ya canciller y avezado político se hizo vegetariano por molestias abdominales y se dice que usaba un aceite no muy apto para el consumo humano para aliviar sus problemas abdominales.

En 1937, con 48 años, se describe que “empieza a mostrar menor destreza en la utilización del brazo izquierdo, con un menor braceo de ese lado al caminar, tendiendo a tener ocupada la mano izquierda con algún objeto o agarrándosela con la mano derecha para, posiblemente, ocultar un sutil temblor de ésta”.

¿Cómo influye el Parkinson de Adolfo Hitler en el destino de occidente y de millones de seres humanos? Al darse cuenta de su enfermedad decidió acelerar eventos de guerra, que al final, como la ocupación rusa, terminan en un desastre; era necesario tomarse el mundo antes de entrar en franco deterioro.

Se ha demostrado que Adolf Hitler sufría de la enfermedad de Parkinson. El profesor Max de Crinis estableció el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson en Hitler a principios de 1945 e informó a los líderes de la SS, quienes decidieron iniciar un tratamiento con un preparado denominado “mezcla antiparkinsoniana” que sería administrada por un médico. Antes, Hitler había recibido toda clase de tratamientos a base de opiáceos, atropina, belladona, cocaína, vitaminas, hormonas masculinas, sulfonamidas; en total, unas 30 pastillas diarias. Entre ellas, las encargadas de regular el buen descanso de Hitler; somníferos por la noche y anfetaminas y estricnina por el día. No dormía más de tres horas seguidas. El encargado de dar esta batería de medicamentos y pócimas era el Dr. Theodore Morell, medico especialista en medicina “alternativa”.

La personalidad de Hitler ha sido descrita como de una rigidez extrema y pedantería insoportable, personalidad antisocial con falta de valores éticos y sociales, una arraigada tendencia a traicionar a otros y para engañar a sí mismo y reacciones emocionales incontrolables.

PABLO ISAZA M.D.

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