El niño ciclista

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Un niño de 12 años recorre diariamente 10 kilómetros para ir a la escuela a una altitud de dos mil 825 metros sobre el nivel del mar en una bicicleta de hierro de 10 kilos de peso, bajando en la mañana y subiendo al terminar las clases. Además ayuda a su familia entregando alimentos de la tienda de su padre. Aficionándose al ciclismo entrena en su municipio de origen, Cómbita, Boyacá, a una altura de entre tres mil y tres mil 200 metros sobre el nivel del mar a temperaturas que oscilan entre 13ºC y 5ºC. El niño no sabe que en su rodaje con la bicicleta esta accionando al menos 23 músculos de las piernas, los tobillos, las caderas, los brazos y la espalda. Nunca ha oído hablar del cuádriceps, ni de los isquiotibiales o el dorsiflexor tibial anterior. No sabe que es el ventrículo izquierdo del corazón y mucho menos que este es de mayor tamaño en los ciclistas consagrados; casi el doble de lo normal.

El niño de Cómbita no sabe que ir a la escuela implica un gasto de energía que proviene principalmente de dos fuentes como son los carbohidratos o glúcidos (el pan, pastas, cereales) y los lípidos (aceites vegetales y animales).

Las proteínas aportan poca energía. Tampoco sabe que pedalear a diferentes intensidades o velocidades implica un gasto de energía originado en terreno llano principalmente por el rozamiento de su cuerpo con el aire, y en terreno inclinado por el peso que origina la gravedad sobre su cuerpo y la bicicleta. La energía la requiere para superar los rozamientos internos de los mecanismos de la bicicleta, para anular el rozamiento con el aire, para superar la pendiente de la carretera y para contrarrestar el rozamiento con el suelo.

Más tarde cuando, a los 16 años empieza a participar en competencias locales, luego nacionales y al final internacionales, aprende que los ciclistas consumen calorías y agua de manera impresionante.

A diario, el cuerpo de un ciclista puede perder entre ocho mil y 11 mil calorías. Sin embargo recupera las pérdidas con desayunos y cenas de más de tres mil calorías cada una.

En los avituallamientos, puntos donde se entregan alimentos como barras energéticas, galletas de fibra y banano, pueden ganar 15 mil calorías. Sin embargo, a pesar del alto consumo de calorías, un deportista pierde entre uno y tres kilos de grasa en esta competencia.

El niño ciclista se llama Dairo Quintana, el mismo niño de Cómbita, Boyacá, el de la bicicleta de hierro, es ahora el ganador del Giro de Italia y el Número Uno en la clasificación de la Unión Ciclística Internacional.

Poseedor de una asombrosa capacidad física tiene las otras virtudes de los grandes campeones: condición psicológica e inteligencia táctica; además una gran capacidad de sufrimiento. Es a los 24 años un gran estratega y todo hace pensar que será uno de los grandes del ciclismo mundial como lo fueron Fausto Coppi, Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Induráin.

El niño ciclista de Cómbita está llamado a ser una de las leyendas del ciclismo mundial.

PABLO ISAZA M.D.

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