La guerra, enfermedad congénita de la humanidad

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La Guerra, enfermedad congénita de la humanidad. Con este nombre bautiza el Dr. Mauro Torres, psiquiatra, una de las expresiones más bajas del ser humano: la guerra. En la historia del hombre que se inicia hace 40 mil años, en el Paleolítico superior, unos pueblos construyen y otros destruyen, unos crean arte primitivo, otros lo destruyen y crean armas. El cerebro de unos, los pacíficos, evoluciona de una manera y el de otros, el primitivo, se estanca. Parecería que la antropología no explica suficientemente el porque unos pueblos tuvieron una evolución cerebral que los llevo a ser creadores, pacíficos, constructores, sin hambre y sin guerras con una alta dignidad y dueños de si mismos y otros, denominados barbaros no. Según las palabras del Dr. Torres, “no se explica de dónde salieron los bárbaros que comenzaron a poblar el planeta. ¿Cuál fue su matriz y su origen”?.

El desarrollo del hombre se produce en dos dominios: el dominio de la evolución y el dominio de la historia; ésta hubiera podido ser distinta, no guerrera, si en la evolución del cerebro hubiera salido un solo ser humano pacifico, creador, progresista, sin jerarquías étnicas, sin enemigos al frente. Sin embargo, lo trágico es que frente a esta evolución noble, por decirlo de alguna manera, brota la evolución de los pueblos bárbaros, con un desarrollo diferente.

Así la guerra se hace inevitable: entre civilización y bárbaros, descritos posteriormente en el Siglo V de la era cristiana, haciendo referencia a los Hunos, como característicos por su indumentaria, mal olor y figura “parecida a animales con dos patas”; con déficit genético, bajos alcances racionales, verbales y creativos. Estos seres bárbaros se regaron por Eurasia, África y América.

Si imagináramos la tierra poblada por los evolucionados seres no bárbaros, este mundo sería “una arcadia feliz, con la unidad de los pueblos, con progreso indefinido, libre, pacífico, artista, científicos con genio, tolerantes, sin hambrunas y sin miserias, con familias ejemplares dando nacimiento a hijos ejemplares sin el lastre de los bárbaros de la guerra”. Los bárbaros del periodo Paleolítico que fueron parásitos andariegos, “continuaron siendo parásitos andariegos, sin crear nada nuevo, combatiendo lo nuevo, más todavía, odiando, odiando lo nuevo”, según las palabras del Dr. Mauro Torres.

La guerra, la enfermedad congénita de la humanidad, enfrenta dos bandos evolutivamente diferentes con mentalidades opuestas, gustos, pareceres, hábitos, costumbres, concepciones de la vida y de los mundos completamente antagónicas. Según la teoría expuesta por el médico Torres, los seres humanos somos un cuerpo mestizo en el que el civilizado y el bárbaro se encuentran dentro de nosotros, particularmente en nuestro cerebro, que es el órgano que guía los comportamientos; ya civilizados, ya barbaros, ya pacíficos, ya guerreros, ya constructores, ya destructores.

En el reparto universal, todas nuestras mentalidades son portadoras de lo civilizado y lo bárbaro; unos tenemos mayor cuantía de genes civilizados y una menos cuantía de genes bárbaros; otros tendrán una mayor cuantía de genes barbaros y una menor cuantía de genes civilizados. Esta es la genética de la guerra; de la enfermedad de la guerra.

PABLO ISAZA M.D.

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