Médicos y curanderos del Tolima en el siglo XIX (I)

Se han celebrado los 152 años de creación del Departamento del Tolima, fecha en la cual se produjo la división del Estado Soberano del Tolima. Dicha celebración contó con actividades de tipo cultural en las que se recordaron hechos políticos, sociales y administrativos de la vida del departamento y su historia como estado soberano. Como complemento a estas actividades la Academia Nacional de Medicina, Capítulo del Tolima, ha programado para esta semana en la biblioteca Dario Echandia una conferencia sobre la higiene, los médicos y los curanderos en el Tolima en el siglo XIX, especialmente entre 1850 y 1900.

Los acontecimientos relacionados con la salud del siglo se dieron el contexto del movimiento mundial de irrupción de la medicina científica en reemplazo de la medicina tal y como se practicaba hasta los inicios del siglo XIX cuando la microbiología, el uso incipiente de aparatos de laboratorio y la concepción de salud y medio ambiente reemplazaron paulatinamente prácticas, la mayoría de las veces basadas en concepciones se diría hoy no científicas.

Para centrarse en lo que es el título de esta columna el Tolima, estado y departamento, vio nacer a dos exponentes de la medicina del pasado, curanderos, uno de ellos de fama nacional e internacional por cuanto sus conocimientos fueron aplicados en el Ecuador: Miguel Perdomo Neira, nacido en La Plata, Estado Soberano, en septiembre de 1833, y convertido en héroe nacional por las clases populares que lo tenían como un medico milagroso. Siendo un adolescente y acosado por la pobreza se internó en la selva amazónica con dos compañeros. Sobrevivió gracias a su aguda inteligencia que le permitió aprender lenguas nativas y de paso medicina tradicional. Vivió cinco años (1855 a 1860) con las tribus amazónicas. Regresó a su hogar y recorrió el país con sus medicamentos y tratamientos maravillosos.

El historiador José María Cordobés Moure (Reminiscencias de Santa Fe de Bogotá) narra el episodio de una intervención quirúrgica practicada en Santa Fe de Bogotá a un joven de apellido Sabogal, el cual murió como consecuencia de la hemorragia causada por el bisturí de Perdomo. La gente no admitió el fracaso y siguió adorando a su médico apedreando la facultad de medicina del claustro del Rosario. Las autoridades urgieron Perdomo para que abandonara la capital, pues las gentes amenazaban con tumbar el gobierno. Prudentemente viajó al Ecuador muriendo en Guayaquil, el 24 de diciembre de 1874, posiblemente de viruela. Se dice que en el ejercicio de su medicina realizó 207 mil 185 curaciones entre 1865 y 1873.

Un segundo medico empírico fue el Dr. Aníbal Villa Navarro, quien ejerció su medicina en Honda a finales del siglo XIX. Fue, además, literato y periodista. Su periódico se llamo ‘La Serpiente’ y fue publicado en 1899. Su creación fue la ‘Euformina’, un remedio contra las mordeduras de serpiente y la lepra. En más de una ocasión su periódico publicaba cartas elogiosas y de agradecimiento de pacientes que habían sido salvados del veneno de culebra y curado de la lepra.

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