Cleptomanía y Cleptocracia

5 Nov 2017 - 3:01am

Cleptomanía y Cleptocracia

Publicada por
PABLO ISAZA, M.D.
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El robo y los ladrones han estado presentes desde siempre, con muchas modalidades, entre ellas la corrupción gubernamental. Un nombre para los corruptos que se apoderan de los recursos de la sociedad se ha acuñado desde 1968: se les denomina “cleptócratas” y el Diccionario Oxford de Inglés los define como “un ladrón en una posición de poder político codicioso y corrupto”. Lo de cleptócratas viene de la palabra cleptómano, persona que no resiste la tentación de apoderarse de lo ajeno bajo cualquier circunstancia. El término cleptomanía data de 1830 y fue definido como la tendencia irresistible al robo por parte de personas que no necesariamente necesitan del objeto robado. La persona que sufre de este trastorno tiene un fuerte impulso por robar cosas. El impulso es tan fuerte que él o ella no pueden simplemente abstenerse de robar. Está contemplada la cleptomanía como un desorden mental. Se puede argumentar que una persona en una posición de autoridad gubernamental debe ser capaz de resistir esa tendencia, sobre todo si esa persona ya es bastante rica, como suele suceder casi siempre.

El cleptócrata se mueve en una “cleptocracia”. ¿Qué es una cleptocracia? Es una institución gubernamental manejada por ladrones. Una nación entera puede ser una cleptocracia y quienes la dirigen son en su mayoría ladrones. Otras definiciones de cleptocracia son: a) sistema de gobierno caracterizado por la corrupción rampante y mala asignación de fondos públicos. b) organismo gubernamental corrupto compuesto por ladrones, también manchados por nepotismo y amiguismo. c) gobierno de ladrones; palabra técnica, originada en el término psicológico cleptomanía (impulso de robar) y cracia de democracia.

Desde el punto de vista de la psiquiatría y la psicología se ha estudiado la personalidad del corrupto o cleptócrata como la de una persona con rasgos de trastorno mental caracterizado por el deseo de apropiarse de lo que no es suyo por una subjetiva de ambición de riqueza. Los términos cleptócratas, cleptomanía y cleptocracia vienen de la raíz griega “klepto” que significa ladrón o robar. Últimamente estas palabras son cada vez más usada por periodistas y analistas para referirse a la corrupción si bien han sido acuñadas desde hace dos siglos.

El cleptócrata (corrupto) planea su delito como lo hace el criminal autor de otros delitos. Su personalidad enferma lo lleva a buscar los riscos y atajos en los cuales se puede mover para lograr su objetivo de enriquecimiento. Busca desde muy temprano la forma de llegar a obtener poder ya sea en una organización social o gubernamental. Si el medio posee estrictas normas de ética y moral su proyecto es prácticamente imposible. Pero si el medio es una cleptocracia la tarea es fácil. Pacta con otros cleptócratas ya enquistados en el poder identificando el proyecto en el cual se pueden obtener mayores réditos de la mejor forma posible. En una cleptocracia el corrupto se siente seguro y sus deseos cumplidos. Por su trastorno mental la tentación de robar es más fuerte que el temor a un castigo.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. El Nuevo Día no responde por los puntos de vista que allí se expresen.