Vacunación por parte de los privados

El debate que existe en este momento en el país gira entorno a si se cumplirá con el plan de vacunación, en el sentido de la velocidad con la que deben ser suministradas y aplicadas las vacunas para combatir el coronavirus, alcanzar la inmunidad de rebaño de la que hablan los científicos y darle fin a más contagios.
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Si se continúa con la misma celeridad con la que se viene haciendo la vacunación para los colombianos en sus diferentes categorías y orden, según cuentas de los expertos, la inmunidad de rebaño, que serían cerca de 35 millones de personas inmunizadas por la vacuna, se alcanzaría en un término superior a 5 años; es decir, que seguiríamos en la incertidumbre por la infección y muerte a causa del covid-19.

Entonces, surgió la idea de algunos sectores políticos y sociales, de permitírsele a  los privados intervenir en el proceso de vacunación, tanto en la adquisición como en la comercialización de la vacuna, lo que  de acuerdo a la iniciativa,  daría mayor rapidez y alcance al proceso.

En principio seria una buena opción, sin embargo me genera  un interrogante:  ¿en qué etapa del proceso entrarían los privados? Todavía no hay claridad acerca de si a los privados se les permitiría salir a negociar la vacuna al exterior para posteriormente vendérsela al Estado Colombiano, o  las farmacéuticas comprarían la fórmula fabricándolas aquí  o si, eventualmente las adquirirían de cualquier forma  para que sean los privados los que vendan directamente las vacunas a quienes tengan la capacidad económica para comprarla.

En cualquiera de estos hipotéticos eventos, sin duda, el Estado tendría que ser muy riguroso a la hora de establecer una reglamentación que delimite todos los aspectos relacionados con la relación contractual y comercial que habría, porque, estamos hablando de dinero y de negocios, en donde no se le puede abrir la puerta a la corrupción que permea todas nuestras instancias sociales y en cuyo caso perderían los de siempre, los de más bajos recursos.

Personalmente, no desearía que se abriera el espacio a que la vacuna salga a venderse en el mercado, pues estaríamos aumentando la brecha entre los que tendrían la posibilidad de adquirirla y quienes, por la profunda crisis económica y por la falta de oportunidades laborales, que es la gran mayoría de colombianos, no tendría como sacar de su bolsillo los cuatrocientos mil pesos que aproximadamente podría costar la vacuna.

Finalmente el debate está abierto y tiene que darse de forma seria, pública y transparente, para que se tome una decisión de fondo que impulse el proceso de vacunación permitiendo que sean muchos más los colombianos que tengan en el menor tiempo posible acceso a la vacuna.

JOSÉ ADRIÁN MONROY

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