Días de tristeza

Es triste. Es triste ver lo que pasa en el país y sobretodo en Ibagué. Lo que veíamos lejano, que pasaba solo en las grandes ciudades y creíamos que no nos tocaría, pasó.
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El sábado primero de mayo, durante las marchas en contra de la reforma tributaria y por la conmemoración del día del trabajo, se dieron enfrentamientos entre los manifestantes y el ESMAD de la Policía Metropolitana, lo que arrojó el fatal resultado de un joven muerto, Santiago Murillo. 

Es triste y desgarrador ver el video donde se escucha el lamento de una madre por perder a su único hijo, en un enfrentamiento que no tiene razón de ser, porque no hay causa suficiente que justifique las vías de hecho y los actos violentos sobre las cosas y las personas.

Es triste, que ciertos sectores de la sociedad vean en la Policía Nacional a los enemigos a vencer, como si esto se tratara de bandos en donde siempre tenga que haber un perdedor, que por desgracia, sucede cuando un policía o un manifestante muere.

Es triste, que por la actitud vandálica de algunos protestantes en los días jueves, viernes, sábado y domingo, se pierda la importancia de la movilización del miércoles; fue ese día, el 28 de abril, el momento de inflexión en el que se hizo sentir el malestar e inconformidad del pueblo colombiano, no solo por la abominable reforma tributaria, sino también porque nos están manejando mal, muy mal.

Es triste, que el gobierno nacional haya tenido que esperar  que todo esto sucediera, para que por fin se decidieran a retirar el proyecto de Ley “solidario y sostenible” con el que pretendían reformar e incrementar nuestros impuestos sin ningún tipo de consideración. 

Es triste, que después de un año de la pandemia que puso en jaque al mundo,  el gobierno no se haya conectado con las necesidades de la gente, las personas no hayan aprendido a ser más solidarias, humanas y unidas, y que por el contrario, pulule  ese sentimiento de odio que nos conlleva a la intolerancia, a la descalificación permanente, a la necesidad de hacerle daño al otro por cualquier medio, ahondando la fractura social que existe.

No puede haber un sentimiento diferente a la tristeza, cuando se percibe en el ambiente, cuando ni las paros van a cambiar lo que al parecer hace parte de la naturaleza del colombiano; es tristeza, lo que se siente cuando se piensa en el futuro y no hay esperanza de que puede ser mejor si continuamos así.

JOSÉ ADRIÁN MONROY

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