El matoneo en los colegios

Consiste en prácticas de abuso entre estudiantes mediante las cuales se vulnera su voluntad, se atenta contra su dignidad, su autodeterminación, integridad física y hasta su patrimonio. No son inocentes travesuras explicables por los cambios de la edad, sino verdaderos sufrimientos que pueden llevar a resultados de gravedad considerables.

El tema de que me ocupo hoy mantiene actualidad, estamos ante una realidad a la que hay que ponerle cuidado, esto por todos los que de alguna manera tengan que ver con el asunto, me refiero a los directores, profesores, estudiantes y padres de familia. Los directores dando órdenes, atendiendo cualquier queja, implementando el manual de convivencia y exigiendo que se cumpla en todas sus partes respetando el debido proceso.

Los profesores dándole un buen trato al alumno, estando pendientes de lo que ocurre en clase, en el momento del descanso y dentro de lo posible a las afueras del colegio. Los padres estando pendientes de la forma de actuar del hijo, como llega a la casa, que dice y sobre todo lo que tiene que ver con su intención de no regresar al colegio.

Los padres tienen un papel fundamental en lo que tiene que ver con la red, esto es el llamado cibermatoneo, logrando la confianza con los hijos y estando pendiente dentro de lo posible respecto de lo que estos tienen que afrontar por parte de sus compañeros en la red. Los estudiantes en general no deben permitir que el profesor o uno de los alumnos hagan matoneo, la solidaridad es importante, la falta de la misma es la que les facilita las cosas al agresor. Se habla de burlas, hostigamiento, exclusión, intimidación y amenazas.

Se manifiesta el acoso con la búsqueda del aislamiento del afectado, la idea es que nadie hable con el menor, lo hacen llorar y/o lo califican de estúpido. Esto se pone de presente cuando pasa al tablero, juega en el recreo y sale del colegio. Se le ponen papeles por la espalda, se hacen bromas a propósito de algún defecto físico, de su forma de expresión y/o una falencia ante alguna asignatura. Es común que se obligue al niño o niña a que entregar sus elementos de estudio o el dinero que se le da para su alimentación. Con frecuencia se aprovecha la envergadura física del agresor y eso frente a la debilidad manifiesta de la víctima.

En oportunidades tiene connotación sexual, por ejemplo por tratarse de una víctima que es homosexual a ojos vista. Es posible que el estudiante agresor tenga sus problemas en el hogar y lo que hace es tener un trato inadecuado contra un compañero de clase que manejen sus propias dificultades. Todo viene de su propio entorno familiar y el que viene siendo afectado es alguien que lo permite. El agresor muchas veces no entiende el grave daño que produce en el otro, es posible que no haya calculado que este puede llegar a quedar afectado en forma grave y puede inclusive atentar contra su propia vida.

La forma de hacerle frente al asunto es no perderlo de vista y no ignorarlo. En la radio, la televisión y los periódicos se debe hablar de esto con frecuencia para lograr el control social.

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