Se les paga mal a los que bien nos sirven, soldados y policías.

Con mucha frecuencia tengo contacto con ex soldados que prestaron su servicio y con aquellos que alguna vez fueron profesionales. Esto desgraciadamente cuando los presentan los fiscales ante los jueces de garantías y en mi calidad de defensor me corresponde asistirlos. Encontrando que están muchos de ellos dominados por la droga y no pocos convertidos en indigentes que apenas si logran conservar su condición humana. Entiendo que estando activos algunos de ellos consumieron alucinógenos especiales y eso para tener como atender las jornadas extenuantes del día a día. Cuando termina su servicio salen o peor aún los sacan, quedan sin apoyo, sin trabajo y sin su familia. Se dedican a deambular por las calles de cualquier manera. Sus familias no los aceptan dado el estado de deterioro en que llegan y lo agresivos que son. Ellos hurtan y algunos ingresan a bandas urbanas a las que en su momento combatieron.

Un Estado que permita esto desentendiéndose del asunto, no tiene como lograr la seguridad de ciudades y campos. No importa lo que se consiga hablado con la guerrilla en La Habana. Muchos de estos soldados y policías salen resentidos por el trato que les dio cuando estaban activos, por el mal pago de que fueron objeto y sobre todo por la carencia de apoyo para formar parte de la vida civil común. En cuanto a la Policía la situación no es tan dramática, ellos tienen una actividad con relativo menor riesgo, siendo de todos modos muy superior al que tenemos que afrontar los restantes ciudadanos. A los policías se les paga un poco mejor, siendo de todas maneras insuficiente. Los policías muchas veces viven en los barrios populares dado su bajo ingreso y eso significa estar en contacto directo con las personas que delinquen a diario. El riesgo para su vida, para la de sus familias es muy alto y la posibilidad corrupción es mayúscula. La carrera con posibilidad de éxito es muy limitada, solamente personas que tienen apoyo pueden lograr escalar en la jerarquía y de esa forma recibir los buenos salarios. Les debemos a estos soldados y policías la posibilidad de salir a la calle, la de tener algunos bienes y la de que nos podamos acostar tranquilos. En ocasiones eso se les olvida a los fiscales al pedir en su contra una medida intramural y a los jueces al imponerla. El Estado en general no agradece, simplemente quedan al garete, cada quien tiene que rebuscarse las forma de vida y a nadie parece importarle. Se les debe pagar bien a los soldados rasos, incluyendo a los que pagan el servicio militar y a los patrulleros. Si no es imposible la promoción por el motivo que sea, se les debe de pagar una prima verdadera de antigüedad y no lo que ocurre hoy. Los ex presidentes hablan de su gratitud con las fuerzas armadas que les sirvieron, el presidente actual, su ministro de defensa y las cúpulas respectivas hablan muy bien de estos, pero nadie hace algo efectivo y real por los activos y mucho menos por los retirados. Esa es la gran verdad. A los que salen se les debe dar oportunidades de estudio y de trabajo. Se debe implementar en su favor programas de viviendas y de salud. Cuando nosotros viajamos de una ciudad a otra por carretera, saludamos a los saldados y ellos responden con el dedo índice en señal de que todo está bien.

Nosotros seguimos cómodamente en nuestros vehículos y ellos se quedan de pie, aguantando sol, agua y corriendo peligro. Eso tiene que ser así, pero hay que hacer una manifestación más directa como ciudadanos y sobre todo como Estado. Los soldados y los policías lo merecen.

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