¡Gracias Ingrit … gracias Raúl!

Ingrit Lorena Valencia jamás imaginó que la paliza  dada a uno de sus compañeros de colegio que le hacía matoneo, fuera la puerta que  la condujo al primer peldaño de esa larga escalera que ha tenido que transitar desde el día en que decidió hacerle un “clinch” a  su existencia, luego de marcharse de su natal Morales (Cauca), hacía  el distrito de Aguablanca en Cali, en donde logró darle muchos  golpes a las adversidades de la vida y, teniendo como “sparring” las necesidades económicas, se entusiasmó por este rudo deporte hasta convertirse en la pionera del boxeo femenino en Colombia.
PUBLICIDAD

Esta mujer, defensora de su autonomía, a los quince años ya estaba golpeando las peras del porvenir. Luego de su embarazo a los 17 años decidió fajarse con su destino para sacar adelante a su hijo. Fueron dos años de retiro temporal del deporte y aunque recibió “jabs”, “uppercut” y muchos golpes bajos, jamás pensó en tirar la toalla, por el contrario, acudió a su entereza, su disciplina e hizo del rebusque en las calles, en el trabajo en minas, restaurantes o en obras de construcción, la plataforma para relanzarse al boxeo definitivamente y derrotar la miseria. Así dio inició a la cosecha de medallas en campeonatos locales, nacionales e internacionales como: panamericanos, centroamericanos y del caribe.  

La joven menudita, 1,60 metros de estatura, 51 kilos de peso, ojos claros, por lo que se ganó el mote de “La zarca”, inicia la preparación para los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro, pero los apoyos brindados en Cali no eran suficientes. Por eso aceptó la oferta para vincularse a la Liga de Boxeo del Tolima y se radicó en Ibagué. 

Por su parte, como en los viejos tiempos del legendario Guillermo Llanos, quien montó un modesto ring en el barrio Combeima, Raúl Ortiz, un ibaguereño, licenciado de Educación Física de la Universidad del Tolima hizo lo propio en el barrio Galarza y se dedicó a preparar a los jóvenes del sector. Había sido dos veces campeón juvenil de boxeo y se retiró para dedicarse a acompañar a sus pupilos desde una esquina del cuadrilátero y a formarlos como personas. Fue Raúl el responsable de llevar a Ingrit al tercer escaño en el podio de Río de Janeiro.

Hace unos años Raúl e Ingrit se consolidaron como pareja. Ese dúo siempre está doblemente unido por el deporte y el amor, por eso compartieron la tristeza, al igual que el pueblo colombiano ante el traspiés sufrido en Tokio.

Ingrit y Raúl, gracias por las alegrías que nos han hecho disfrutar y por la dignidad con que nos han representado.  Solo esperamos que sigan el consejo de H.G. Wells:” Si caíste ayer, ponte en pie hoy”.

 

LIBARDO VARGAS CELEMÍN

Comentarios