Tarjeta roja para la humanidad

La llama del pebetero del estadio olímpico de Tokio ardió 17 días, alimentada de hidrógeno para evitar la producción de gas carbónico. Este mínimo gesto de lucha contra el cambio climático por parte de Japón, nos recuerda que su capital fue una de las ciudades más contaminadas en décadas anteriores y ahora es un ejemplo de que es posible recuperar una metrópoli y poner a sus habitantes a respirar aire limpio, en medio de tanta contaminación. Pero esto pasó desapercibido y eclipsado por la cantidad de noticias deportivas.
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Mientras se celebraban los triunfos y las derrotas olímpicas se daba el  avance del fuego crepitante de la combustión de vegetales; el arrasamiento de viviendas y seres vivos, y el aumento de la temperatura a cifras cercanas a los 50 grados centígrados. Países de todos los continentes sufren las convulsiones del planeta para hacerse visible ante los hombres y recordarles que la lucha contra el calentamiento global no es un juego, sino el más grande reto que tenemos los pobladores de este mundo.

El informe presentado por la ONU a través del Grupo Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático publicado recientemente, es tan preocupante que el Secretario General Antonio Guterres, afirmó: “Este es un código rojo para la humanidad. Las señales de alarma son ensordecedoras y las pruebas son irrefutables”. Las advertencias son dramáticas, máxime si por todos lados se empeoran los signos del deterioro y la humanidad sigue actuando ciegamente. Muy poco se ha hecho en conjunto para mejorar el equilibrio ambiental y, por el contrario,  los poderes supranacionales continúan atesorando riquezas a costa de la salud del planeta.

Está llegando el momento de no retorno, el mismo que premonitoriamente habían pronosticado muchos expertos en el mundo, desde hace décadas. Recuerdo entre ellos al maestro Gonzalo Palomino que, desde las aulas de la Universidad del Tolima y a través de charlas, publicaciones o visitas fue llevando a sus alumnos a reconocer las regiones del Tolima y a buscar soluciones oportunas para evitar las encrucijadas a las que hemos llegado hoy.  Palomino escribió: “Ahora la responsabilidad es de nuestra especie que solamente tiene un único camino y tiene que acertar, tiene que sobrevivir”. Efectivamente y sin dilaciones es necesario actuar, incorporar las prácticas individuales que converjan en transformaciones colectivas. Es hora de detener la insana pasión por el consumismo desbordado, entender que la tecnología es un recurso, no una obsesión; que la tierra no es nuestra y que las riquezas naturales deben ser usados sabiamente.

“El riesgo inminente” de los aumentos de la temperatura en el Planeta es el resultado de cientos de años de estulticia humana depredando el medio ambiente para saciar necesidades ficticias, por ello, indiscutiblemente, nos merecemos la Tarjeta Roja.

 

LIBARDO VARGAS CELEMÍN

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