La cita de Esperanza Carvajal con la prosa poética

Desde el siglo pasado se ha recrudecido la discusión sobre los géneros literarios, cuyo punto de partida tiene que ver con la hibridez de los mismos. La literatura contemporánea se caracteriza por el experimentalismo, no solo con el lenguaje, sino también con la hipertextualidad. Los tradicionales géneros literarios se han atomizados en fusiones de diverso tipo, como también ha sucedido en otras expresiones artísticas.
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En Colombia son varios los poetas que han dado el paso de la poesía a la narrativa con el mismo éxito de sus anteriores trabajos. Dos ejemplos emblemáticos: Álvaro Mutis que al final de su vida se dedicó a escribir las novelas de la saga de Maqroll y William Ospina con su trilogía sobre el conquistador Ursúa. El mayor reto de este experimento, según la doctora española Maite Nicuesa es el de mantener un equilibrio entre una prosa que cuente y a la vez que incluya “algunos aspectos muy propios de un poema: componentes líricos, armonía en los sonidos que componen las palabras, búsquedas estéticas en las descripciones”, y ella agrega que a esta fusión se le denomina prosa poética.

Es en este marco que Esperanza Carvajal Gallego, oriunda de Palocabildo, autora de cinco libros de poesía e incluida en varias antologías de carácter regional y nacional, incursiona con su prosa poética en el libro de relatos “Cita cabaret”, publicado en diciembre pasado por “Caza de Libros, Editores” y cuya carátula e ilustraciones hacen parte de la obra póstuma de su hijo, Juan Gabriel Vallejo Carvajal, como un homenaje a este ilustrador cuyas grandes potencialidades se vieron truncas a muy temprana edad. 

 Este texto contiene 37 microrrelatos que versan sobre las obsesiones de la autora. Sus temas recurrentes tienen que ver, como ella misma lo dice en la contra carátula, con “la angustia, la amistad, la cotidianidad, sueños y fracasos, deseos íntimos, además de los odios más enconados que animan la condición humana”. Su prosa limpia, sin caer en el lirismo finisecular del siglo XVIII y comienzos del XIX, nos entrega historias redondas, con un lenguaje metafórico y musical, que se halla desde el primer párrafo del libro cuando nos dice: “La encontraron tendida en la noche, apoyada en la última baranda de su juventud, el tiempo patrullaba su semblante con ojos ondulados por la espera”.

En un microrrelato del final del libro, encontramos un ejemplo de humor mordaz e irónico, propio de esta fusión de géneros, cuando el narrador sentencia: “Hay amigos a quienes uno tiene la fortuna de no volverse a cruzar en el camino”.

Esperanza Carvajal acaba de abrirle la puerta a la narrativa y su prosa poética es otro aporte significativo para la literatura del Tolima y de Colombia.


 

Libardo Vargas Celemin.

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