Goles contra el machismo

Cuando Linda Caicedo recibió el balón, y eludió a la defensa y soltó su zurda para anidar el balón en el pórtico de Argentina, no solo marcó el paso de la selección Colombia a la final de la Copa América, sino que se volvió a destapar la caja de Pandora y en el estadio Alfonso López de Bucaramanga volaron todos los males y desgracias por la que ha tenido que pasar ella y el fútbol femenino para alcanzar un reconocimiento que las empodera como una potencia suramericana, a pesar de la decidia de los mal llamados dirigentes del fútbol colombiano.
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Linda, era habitante de Villagorgona, corregimiento a quince minutos de Cali, y allí, como si hubiera sido en Macondo, recuerda cuando su madre la llevó al campo polvoriento de una cancha de fútbol,  donde entrenaban los niños del sector y le pidió al entrenador que aceptara a su hija, de solo cinco años, para que jugara  y evitar así que acabara con las pocas cosas que tenían en la casa, y que tuvieran forma esférica, ya que ella no hacía actividad distinta a la de darle puntapiés, como si fueran balones. El entrenador la aceptó, pero no la pudo inscribir porque tenían prohibido aceptar mujeres.

Su lucha no ha tenido reposo, a los catorce años se inicia como profesional en el América. En julio de 2019 marca un gol que los comentaristas llaman de ensueño, estilo Maradona. Se lleva a tres jugadoras y con su drible marca el gol que le abrirá las puertas para seguir escalando los peldaños de la Gloria. No se equivocaron quienes desde aquella época presagiaban el ascenso lento pero seguro de un grupo de jóvenes que se reclamaban el derecho a tener un trato y unas condiciones laborales dignas e iguales a los hombres.

Linda Caicedo, Catalina Usme, Daniela Montoya, Leicy Santos, Yoreli Rincón (quien sufre un veto oficial) y tantas otras que han escrito la historia del fútbol femenino en Colombia, en un principio recibieron el rechazo de una sociedad “machista” que impedía el desarrollo integral de la mujer, con argumentos tan baladíes como considerar  que el fútbol, al ser un deporte de contacto, era solo para hombres. Los triunfos de la mujer en todos los campos y, en este caso, conquistas como la del martes, dejan sin piso la mezquina posición de una dirigencia inepta que también arguyó la falta de apoyo del público. El tratamiento de los pontífices del fútbol colombiano ha sido discriminatorio. Por ejemplo, todavía no está definido si hay o no campeonato para el segundo semestre.  

Cuando Linda escuchó el pitazo final debió sentir que no había sido un gol cualquiera, sino un golazo a ese machismo anacrónico que también hay que cambiar.

LIBARDO VARGAS CELEMÍN

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