Annie Ernaux, una escritura llana

El premio Nobel de Literatura ha sorprendido a los críticos que, consideran que el galardón desde el 2015, con el premio a la periodista Svetlana Alexiévich y el año siguiente al compositor musical Bob Dylan, ha abierto la puerta para que autores de manifestaciones cercanas a lo propiamente literario, puedan obtener el trofeo.
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Como es el caso de la escritora francesa que hace de su obra, más que novelas, verdaderos análisis socio culturales para hablar del contexto de su vida. 

La autora francesa explica lo que se pudiera denominar su “arte poética”. En “El lugar” (1983), Ernaux habla, no solo la temática que asume, sino el estilo sencillo que la acompaña: “Una forma de escribir llana es la que me resulta natural, la misma que empleaba en otro tiempo para escribir a mis padres y contarle las noticias más importantes”. De esta manera justifica la carencia de elaboraciones refinadas: “Nunca conoceré el encanto de las metáforas y el júbilo del estilo”. Para ella importa más desentrañar esa sociedad cerrada, excluyente y llena de prejuicios que ha tenido que combatir. 

 En cada novela nos cuenta los móviles que la han llevado a escribirla. Registra la duración de la escritura y se sumerge en la descripción física y mental de esa sociedad pueblerina con la que convivió, llena de tabús, una rigidez religiosa y unas normas sociales que estratifican perversamente y le impedían a la mujer dar rienda suelta a sus potencialidades. 

Una de sus obras más dramáticas es “El acontecimiento”, en ella cuenta la lucha de una joven estudiante, antes de aprobarse el aborto, que tiene que enfrentarse a la discriminación, el riesgo de su propio cuerpo, la posibilidad de ir a la cárcel y tantos otros escollos, si quiere alcanzar sus sueños. Esta obra fue llevada al cine y en el año 2021, gana “El León de Oro” de Venecia”, bajo la dirección de Andrey Diwan. 

A partir de un hecho ocurrido el 5 de junio de 1952, ella tenía 12 años y tuvo que presenciar el intento de asesinato de su madre, por parte de su propio padre, así construye “La vergüenza” una verdadera fotografía de la vida en provincia. Su familia campesina, con esa carga religiosa, llena de tabús y asociada a la sumisión, intenta ascender socialmente, pero las normas y códigos sociales se cierran a pesar de sus intentos de mantenerse.

“Mira las luces, amor mío” (2021), es una radiografía del espíritu arribista de la sociedad actual. Esta obra relata las observaciones de la vida en torno a los hipermercados y grandes superficies; desnuda los trucos de mercadeo para seducirnos; da cuenta de los perfiles de visitantes y el avance de la tecnología al servicio de la domesticación del comprador.

LIBARDO VARGAS CELEMÍN
Correo
lcelemin2@gmail.com

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