COP27: ¿Mitigación, adaptación o destrucción?

Desde el 6 de noviembre y hasta el 18 del presente año, cerca de treinta y cinco mil personas entre académicos, delegados, activistas ambientales, periodistas y cien jefes de estado, se dan cita para discutir sobre el cambio climático, con la esperanza de lograr utópicos acuerdos y evaluar el cumplimiento de compromisos previos.
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Este evento que se celebra cada año se caracteriza por ser un foro de discusión y el espacio para desenmascarar la hipocresía de los grandes contaminantes y cuyos compromisos generalmente incumplen.

Esta vez se evalúa el CP21 realizado en París en 2015, la mayoría de los asistentes se comprometieron a luchar, para que la temperatura en el 2050, no subiera más de 2 grados, pero estudios serios dan cuenta que esta meta es ya imposible de alcanzar, porque se superaron los límites, por eso es posible que en Egipto se replantee bajar al 1.5 para el 2050.

La anterior cifra, cuenta con muchos obstáculos no solo por falta de recursos de los países pobres, sino ante todo por la actitud de las potencias de no contribuir con un fondo que subsidie a los pueblos en vía de desarrollo y que son los que menos contaminan, pero los que más daños reciben. Por eso ya se escuchan a los críticos denunciar que no se puede hablar de mitigación, sino de adaptación, como la única esperanza que nos queda.

Las evidencias muestran que miles de personas han perdido la vida en este año 2022. También amplias extensiones se han visto anegadas, provocando situaciones de hambre, miseria y sequías que han impactado a millones de habitantes del planeta. El común de las personas endilga estos fenómenos a la furia de la naturaleza, cuando somos todos los humanos y nuestras prácticas consumistas, desde los deforestadores de las amazonas, los políticos y las autoridades que cohonestan con la tala de bosques, la minería ilegal y tantas otras acciones que realizamos diariamente, con la falsa certidumbre de “ seres superiores” .

Parece que, a pesar de las luchas ambientales, los pronunciamientos de pocos gobernantes, no hemos podido avanzar en la disminución del calentamiento global, ni mucho menos en la reducción de las fuentes fósiles de combustión. Y cuando un presidente como el nuestro propone la transición hacia las energías limpias, saltan a tildarlo de ingenuo y algunos medios de comunicación fletados por las las grandes multinacionales del petróleo y el carbón, salen irresponsablemente a negar la posibilidad de vivir sin estos elementos, cuando todos sabemos que es un problema económico el que defienden.

Tal vez esta Convención de Naciones Unidas de Cambio Climático (Unccc) sea la muestra de la mayor incapacidad de la humanidad por convivir con la naturaleza sin destruirla. 

 

LIBARDO VARGAS CELEMIN

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